
La esquina de Emilia Pardo Bazán con Marcial del Adalid volverá a llenarse de vida a partir de este jueves. Allí, donde durante años permaneció un local detenido en el tiempo, regresa un nombre que forma parte de la memoria sentimental de la ciudad: Oslo.
La reapertura comenzará mañana miércoles, 12 de noviembre, con una inauguración bajo invitación para celebrar el arranque de una nueva etapa. Al día siguiente, jueves 13, el local abrirá sus puertas al público general. Será entonces cuando la esquina recupere su ritmo cotidiano, el de la conversación lenta y el encuentro espontáneo.
Para Yago Carreira, su propietario, este proyecto es algo más que una apertura. Es un regreso afectivo. Oslo fue uno de los lugares que marcaron su infancia y juventud en la Plaza de Vigo. “Crecí aquí. Esta esquina forma parte de mis recuerdos y de los de mi familia. Volver significa reactivar un espacio que estuvo muy presente en nuestra vida. Cuando vi el local casi terminado, sentí que cerraba un círculo y que, al mismo tiempo, lo volvía a abrir”, explica. El proceso ha sido largo, paciente, lleno de decisiones cuidadas. Eso se nota en el modo en que se habla del lugar: con cariño.

Oslo se presenta como taberna castiza. Una propuesta centrada en el producto y en el sabor, sin artificios. El eje de la carta será el cerdo ibérico, con cortes como pluma, presa o solomillo, procedentes de Guijuelo, de la mano del proveedor Castro y González, muy vinculado al proyecto desde el inicio. Habrá también gildas, conservas de Barbate y de Cádiz, ensaladilla servida al modo murciano, picoteo y platos tradicionales elaborados con calma, desde guisos hasta huevos rotos con papada o morcilla ibérica. “La intención es sencilla: que el sabor sea lo que destaque. Que el plato se entienda al probarlo”, señala Carreira.
Uno de los rasgos distintivos del nuevo Oslo será su cocina ininterrumpida. El local abrirá desde las 12:00 horas y se podrá comer en cualquier momento del día. No toda la carta estará disponible fuera de los horarios centrales, pero siempre habrá una selección para sentarse a comer sin mirar el reloj. Una adaptación a la forma actual de vivir la ciudad, donde el aperitivo se alarga y la comida se desplaza con naturalidad a media tarde.
El proyecto refleja también una manera concreta de entender la hostelería. Carreira insiste en la importancia de la estabilidad y de cuidar a quienes sostienen el negocio. “El equipo es lo esencial. Queremos que trabajar en hostelería sea compatible con tener una vida ordenada. Que se pueda disfrutar de lo que se hace sin que el ritmo se lleve por delante a nadie.” Dignificar la profesión es, para él, un principio y no una declaración.

El local ha sido creado con cuidado, y Carreira lo dice con claridad: “Cuando alguien hace bien su trabajo, hay que reconocerlo”. La decoración lleva la firma de Óscar Santomé, que ha logrado un ambiente cálido, amable y contemporáneo, un lugar nuevo con alma antigua. La reforma fue ejecutada por Buñaco, cuya implicación y dedicación han sido determinantes en el resultado final.
Oslo vuelve, pero no como una nostalgia, sino como una continuidad natural. Una taberna que mira al pasado con afecto y al presente con serenidad. Un lugar para encontrarse, para conversar, para recordar y para quedarse. Desde este jueves, la esquina vuelve a abrir la puerta.




















