La problemática de la vivienda afecta a la inclusión social del 26% de los hogares gallegos, según Cáritas
Un informe muestra que la exclusión se reduce pero que la integración es menos plena y más precaria

El noveno informe sobre exclusión y desarrollo social en Galicia, presentado por la Fundación Foessa junto a Cáritas, sitúa a las problemáticas vinculadas a la vivienda como las más extendidas en la exclusión social en Galicia, de forma que afecta al 26,1% de la población, es decir, uno de cada cuatro hogares. “La vivienda es el cuello de botella de la integración social en Galicia y es ahora, más que nunca, un derecho ‘fake’ que debe convertirse en un pilar del bienestar”, expuso el coordinador técnico del informe, Thomas Udrich.
Esto viene derivado de que el incremento de los precios de compra y alquiler se produce “a un ritmo superior al de las rentas familiares en un contexto marcado por “la oferta limitada y la especulación inmobiliaria”.
Por ejemplo, una vez descontados los gastos mensuales de vivienda, más de 78.000 hogares se quedan con ingresos por debajo del umbral de la pobreza severa (situado en 650 euros). Además, el informe coloca al 7% de los hogares (160.000 personas) en una situación de vivienda insegura en Galicia por problemas de legalidad, precariedad e inestabilidad de la tenencia y a un 6% (170.000) con dificultades de habitabilidad, insalubridad y hacinamiento.
“Sin una política de vivienda seria que tenga en cuenta a las familias y personas en situación o riesgo de exclusión, con políticas de vivienda social y alquileres sociales, la mejora económica nunca se va a traducir en integración social”, valoró Thomas Udrich.
Fragilidad
De este modo la vivienda, que “expulsa del territorio y de una vida digna”, se une al empleo, que ha “perdido su capacidad para rescatar de esa expulsión”, como los motores principales de la exclusión: “Se trabaja más, sin que eso garantice la integración social a una parte de la población”. El diagnóstico general es que, entre 2018 y 2024, la exclusión social cayó en Galicia del 16,8% hasta un 12,7%, con unas 342.000 personas afectadas.
Sin embargo, esta evolución se explica únicamente por el descenso en su forma moderada, ya que la expulsión severa apenas varía y sigue afectando al 6,8% de la población.
De esta forma, se da, según indicó Udrich, un “doble desplazamiento”: “Una parte de quienes estaban en posiciones más favorables cae hacia formas de integración más frágiles, mientras que parte de quien antes vivía exclusión moderada mejora, aunque sin salir del todo de la vulnerabilidad y quedando en ese espacio de integración precaria”.
Paralelamente, la exclusión en materia de salud aumentó en cinco puntos hasta afectar al 18% de la población gallega. Mientras en otras comunidades esta dimensión se vincula a la escasez de recursos económicos para costear medicamentos y prótesis, en Galicia destaca la “falta de asistencia médica” por enfermedades graves o crónicas. En este contexto, la comunidad duplica la media estatal en el número de hogares que declaran que algún miembro con alguna dolencia de esta gravedad no recibió atención médica en el último año, lo que supone un total de 78.000.
Udrich desmintió la pasividad de las personas en situación de exclusión o de pobreza en relación a la idea de que viven de prestaciones sociales sin buscar soluciones o emprender acciones: “Es falso, tal y como lo demuestra la evidencia”.
El informe pone de relieve que tres de cada cuatro hogares en exclusión social severa activan estrategias de inclusión, como son la búsqueda de empleo, la formación y la activación de redes.
la tasa de riesgo de pobreza se sitúa en el 14,2% de la población
El informe indica que la tasa de riesgo de pobreza en Galicia se sitúa en el 14,2% de la población y, en el caso de la severa, en el 5,9%, cifras que se reducen y son menores respecto a las registradas a nivel estatal. Con todo, se incrementa la carencia material, que sufre un 4,8% de la ciudadanía gallega. Esto se refleja en una “fragilidad cotidiana” en la que un 26,7% no puede afrontar gastos imprevistos; el 17% no puede mantener la vivienda a una temperatura adecuada, y al 4% le es imposible permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días.













