
Galicia, una de las regiones con mayor potencial eólico de Europa y referente histórico en energías renovables, se encuentra hoy paralizada en el desarrollo de nuevos parques eólicos. Más de 90 proyectos, que aportarían cerca de 2.500 MW de potencia limpia y miles de empleos, están bloqueados por una maraña judicial y una preocupante falta de coordinación institucional.
La Asociación Eólica de Galicia (EGA) ha alertado de forma reiterada sobre el impacto económico, social y medioambiental de esta situación. En palabras de su portavoz, "nos encontramos ante un escenario inaceptable de inseguridad jurídica que pone en peligro no solo inversiones estratégicas, sino también la propia capacidad de Galicia para contribuir a la lucha contra el cambio climático."
El verano dejó un rastro de devastación en la comunidad. En la provincia de Ourense se quemaron más de 100.000 hectáreas, en la peor ola de incendios del siglo. Y el otoño se presenta igualmente anómalo: más seco, más cálido y con fenómenos extremos cada vez más frecuentes. A pesar de ello, el desarrollo de energías limpias sigue estancado.
"Estamos provocando una involución artificial", advierte la EGA. "Galicia fue pionera en energía eólica, pero estamos perdiendo el tren. Cancelar proyectos viables y sostenibles, mientras el planeta clama por una transición energética urgente, es un sinsentido estratégico."
Pese a que en agosto el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictó una sentencia que refuerza la protección y prioridad de las renovables como “bien de interés público superior”, ni Galicia ni el Gobierno central han sido capaces aún de transponer esa directiva. La consecuencia: proyectos judicializados, empresas que abandonan el territorio y un goteo constante de inversiones que se desvían a otros países, como Marruecos.
Ferrolterra, uno de los principales polos industriales de componentes eólicos en España, ya está viendo cómo sus empresarios se ven obligados a buscar mercado fuera de Galicia ante la falta de actividad. En solo cinco años, el consumo eléctrico regional ha caído un 32 %, mientras en el resto del país sigue aumentando.
Desde la EGA insisten: "El viento gallego es una riqueza estratégica. Producimos energía limpia, barata y abundante. Y sin embargo, seguimos bloqueando nuestros propios recursos naturales mientras el planeta y la salud humana pagan el precio."
La asociación reclama a los poderes públicos que actúen con urgencia: desbloquear los proyectos, coordinar las administraciones implicadas y garantizar seguridad jurídica para que Galicia vuelva a liderar la transición energética que el mundo necesita.








