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Las visitas por las Jornadas Europeas de Arqueología registran un lleno a pesar del mal tiempo

redaccion | 22 de junio de 2020

En la excursión era de uso obligado la mascarilla, igual que en los conciertos que se celebraron durante la mañana

A veces la verdad está a simple vista, pero muchas veces se encuentra enterrada y hay que cavar para buscarla. Nadie lo sabe mejor que los arqueólogos, esa gente que se pasa la vida de rodilla, limpiando con paciencia cada resto que encuentran con un pincel para luego clasificarla y guardarla. A veces el fruto de la arqueología son pedazos de historia muy pequeños, que se guardan en santuarios como el museo arqueológico de castillo de San Antón pero en ocasiones son yacimientos grandes, como el castro de Elviña. Ambos emplazamientos objeto de visitas guiadas gratuitas con motivo de las Jornadas Europeas de Arqueología 2020 que registraron un lleno total.

Hay que señalar que las restricciones sanitarias obligaron a limitar el aforo a diez personas en el caso del museo arqueológico y a quince en el de Castro de Elviña. Además, todos los participantes tuvieron que acudir provistos de mascarillas, para garantizar el cumplimiento de las medidas profilácticas. En el caso de los que acudieron a visitar el antiguo poblado celta, las mascarillas les protegieron del Covid-19, pero no de la lluvia que cayó abundantemente pasada la una de la tarde, lo que obligó a adelantar el final de la visita.

Más a cubierto se estaba en castillo de San Antón, pero las medidas contra el coronavirus eran más restrictivas. De hecho, la visita guiada aquí tenía un aforo máximo de diez personas, mientras que en el castro eran quince. Pero los museos tienen que reinventarse, como todo el mundo, ante el Covid-19. En en caso del Castillo de San Antón, el aforo máximo es de doscientas personas manteniendo la distancia de seguridad, veinticinco en las salas de Arqueología y quince en las de Historia

Para los melómanos

Por otro lado, los melómanos pudieron disfrutar también de una mañana de cultura y, además, a cubierto del tiempo inclemente que reinó durante buena parte del día. Una de las opciones más populares fue la del Teatro Colón donde pudieron escuchar un concierto de la Banda Municipal, que bajo la batuta del director invitado José Trigueron interpretaron “Petite Symphonie” de Charle Gounod y la Fanfarri “La Perí” de Pauld ukas, así como la “de “A comon man” de Aaro Copland en una segunda parte, en la que también se ofreció al respetable la marcha fúnebre en memoria de Rikard Nordraak de Edvar Grieg y “Un americano en París”, de George Gershwin.

Por supuesto, los espectadores estaban también a cubierto del Covid-19, puesto que la mascarilla era un complemento tan necesario como el odio musical. Lo mismo ocurrió no lejos de allí, en el Museo de Belas Artes, donde media hora más tarde (el del teatro Colón fue al mediodía), el pianista italiano Domenico Codispoti tocaba en una sala más pequeña, para un público más reducido, algunas de las piezas más importantes del Romanticismo, compuestas por Clara Schumann y Fryderyk Chopin de lo más apropiadas para un día gris marcado por la lluvia. l

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