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Veinticinco años de historia

carlos alberto fernández a coruña | 27 de junio de 2020

Arsenio Iglesias brinda la Copa del Rey de 1995 a los aficionados del Deportivo a su llegada al Aeropuerto de A Coruña  | aec
Arsenio Iglesias brinda la Copa del Rey de 1995 a los aficionados del Deportivo a su llegada al Aeropuerto de A Coruña | aec
La final de Copa más larga, que empezó un sábado y acabó un martes en el Santiago Bernabéu, la del primer título del Deportivo, la de la revancha ante el Valencia, celebra hoy sus ‘bodas de plata’

La final más larga de la Copa del Rey cumple hoy 25 años, los que han pasado desde que el Deportivo de La Coruña levantó su primer título oficial, se confirmó como SuperDepor y puso el broche a la etapa de Arsenio Iglesias al frente de su banquillo. 

El 27 de junio de 1995, el equipo herculino se cobró la revancha con el Valencia, que un año antes le había dejado sin la Liga del penalti de Djukic, aquella pena máxima que falló el ahora entrenador del Sporting de Gijón y que acabó engrosando las vitrinas del Barcelona. 

Después de aquel dramático encuentro para el Deportivo, su portero, Paco Liaño, pronosticó lo que iba a pasar en la siguiente temporada cuando le advirtió al Valencia: “arrieros somos, y en el camino nos encontraremos”. Y se encontraron. Fue en el Santiago Bernabéu el 24 de junio, en ese escenario en el que luego también levantaría del Depor una Supercopa de España y la Copa del Rey del Centenariazo. 

Los deportivistas se adelantaron a los 36 minutos con un tanto de Manjarín, que presionó un saque de puerta de Zubizarreta, persiguió a tres jugadores del Valencia y le robó la cartera a Giner para batir al portero en el mano a mano con un disparo cruzado. 

La lluvia empezó a encharcar el césped del Bernabéu, casi impracticable, y en esas condiciones, en la piscina en que se convirtió el estadio del Real Madrid, con continuos resbalones en ambos equipos, el Valencia fue capaz de neutralizar el marcador a los 71 minutos al aprovechar una falta que ejecutó Mijatovic y que no pudo desviar Liaño. 

El aguacero no dio tregua, de la lluvia se pasó al granizo y el árbitro, García Aranda, tuvo que parar el partido cuando quedaban once minutos por disputarse mientras en la grada los aficionados intentaban refugiarse como podían de las piedras que caían del cielo. 

Con el campo impracticable y los vestuarios anegados, el encuentro se suspendió definitivamente y se reanudó tres días después en el mismo escenario y de nuevo con miles de deportivistas en la grada, a 600 kilómetros de casa. 

El Deportivo había hecho una de sus permutas que, a la postre, fue decisiva: Alfredo Santaelena había sustituido a Adolfo Aldana a los 52 minutos de encuentro. 

La mayoría daba por hecho que el partido, al que le quedaban once minutos e iba 1-1, acabaría en la prórroga, pero el equipo coruñés salió decidido a que no fuera así. 

A los cuatro minutos de la reanudación, Manjarín, el autor del primer tanto, colgó el balón al área y allí apareció Alfredo, con su metro sesenta y nueve, para decidir una final de altura. 

Él, que ya le había dado una Copa del Rey al Atlético de Madrid en la prórroga de la edición de 1991, logró anticiparse a Camarasa con un control de pecho y también al puño de Zubizarreta metiendo la cabeza para superar por arriba al guardameta y poner al Deportivo de nuevo por delante en el marcador. El equipo coruñés sufrió, Mijatovic dispuso de una falta similar a la que había transformado tres días antes, pero esta vez, sin lluvia, el esférico salió desviado y el Deportivo levantó el trofeo, el primero de su historia, el de la despedida de Arsenio.

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