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José Viñas | “Hoy en día un profesor tiene que salir de su zona de confort, si no, mejor que se dedique a otra cosa”

noelia díaz cambre | 22 de abril de 2018

José Viñas, en la biblioteca del IES David Buján | quintana
José Viñas, en la biblioteca del IES David Buján | quintana

José Viñas (Vigo, 1968) es licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Santiago de Compostela, donde se especializó en Zoología. Desde jóvenes hasta mariscadores,

José Viñas (Vigo, 1968) es licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Santiago de Compostela, donde se especializó en Zoología. Desde jóvenes hasta mariscadores, Viñas siempre ha trabajado formando a personas y su manera de transmitir conceptos de manera amena le ha valido ser uno de los mejores docentes de Secundaria de España, según los premios Educa Abanca. Desde 2009 trabaja en el IES David Buján de Sigrás (Cambre), donde ha impulsado decenas de proyectos de investigación y un club de ciencia que hasta los exalumnos del centro se niegan a abandonar.

Lleva nueve años en Sigrás. ¿Qué le gusta de este instituto?
Antes de venir a Sigrás estuve de director en As Pontes intentando cambiar algunas cosas, y cuando vine a Cambre me encantó la forma de trabajar que había aquí, no solamente un departamento o dos son los que tiran, sino que están todos implicados. Estoy muy cómodo con mis compañeros y con la dirección, además de con los padres y alumnos. Nos está pasando que vamos a excursiones o viajes fuera, como acabamos de estar en Verona o en Lituania, y nuestras profesoras nos dicen que el comportamiento de nuestros jóvenes es estupendo y no dan ningún trabajo. Eso no se lo puedo atribuir al colegio, sino a las familias. Gracias a ellas tenemos unos estudiantes que pueden ir por el mundo adelante sin problemas. Me gusta decir que la educación tiene tres patas: los niños, los padres y los profesores.

Acaba de recibir el premio Educa a Mejor Docente de España en Secundaria. ¿Cómo lleva el título?
Este premio tiene una diferencia con respecto a otros y es que yo no me podía presentar, sino que me propusieron. En el momento en que me vi propuesto ya me sentí muy orgulloso, que hubiera gente que pensase que podía estar entre los mejores profesores de España ya era de valorar. Cuando te mencionan, envías tu currículum, tus proyectos y tus métodos para impartir tus clases, explicando si eres innovador. En este caso sí que tengo ese perfil, pero muchas veces se confunde ser innovador con ser buen maestro, que no siempre es lo mismo. A este premio podían proponerte padres, exalumnos, compañeros, estudiantes... Yo aún no sé quién me presentó, he preguntado varias veces y la última me dijeron “no preguntes más porque no te lo vamos a decir”. A quien haya sido, le estaré eternamente agradecido.

El instituto también es referente y recibe premios y distinciones en ciencia y tecnologías.
Hasta que no vine aquí no vi cómo debe de ser un instituto. A veces piensas en el instituto perfecto y este no lo es, pero se acerca mucho. Profesores muy implicados con los alumnos, a veces nos visitan profesores extranjeros y les llama mucho la atención nuestra relación con los niños, que es muy particular. Tenemos alumnos muy participativos. Los que entran nuevos tienen ganas de participar en todo, y te pongo un ejemplo: cuando vamos al Día de la Ciencia en la Calle nos piden 25 niños, y si llevamos más es nuestra responsabilidad; este año tenemos 32 alumnos solo de 1º de la ESO, faltan todos los otros cursos. Ahora justo me protestaban unas chicas de 3º diciendo “cuando íbamos en 1º no hicimos ni la mitad de cosas que los nuevos”.

¿Cómo surge el Club de Ciencia?
Fue algo informal al principio, había cinco o seis personas a las que les gustaba hacer experimentos y con las que iba a alguna feria de ciencia. No era muy habitual hacer esas cosas y nos presentábamos a una al año. Después, conociendo a otra gente vimos que había muchas ferias y un movimiento relacionado con la ciencia juvenil en España. Un gran empujón se dio cuando presentamos el Proyecto Erasmus de ciencia ciudadana, donde se explicaba cómo debía funcionar un club de este tipo, y nos juntamos con un colegio inglés para intercambiar experiencias. ¿Qué ocurrió? Que estos alumnos que fundaron el club terminaron el Bachillerato y se fueron a la universidad, por lo que se quedaron un poco “huérfanos”, querían seguir haciendo cosas aquí y lo están haciendo. El club empezó con una docena de personas y ahora estamos en 80. Antes yo llevaba uno o dos trabajos de investigación al año, pero ahora puede haber ocho o nueve.

¿Trabajan en grupos?
Sí, me gusta que lo hagan, como mínimo, por tríos, porque a veces entre dos puede haber problemas y dejar el proyecto cojo. Si hay más de dos suele ser más fácil. Ahora tenemos el Día de la Ciencia en la Calle el 5 de mayo y una feria en Ponteceso el 18 de mayo, además de Galiciencia, ya que uno de nuestros trabajos ha sido seleccionado. No van a ir todos a todas las ferias, pero hay que ir encajando para que todos participen. Ahora tengo la suerte de que Marta Rúa, mi compañera de departamento, está también en el Club de Ciencia y hacemos más cosas. Los mayores del club lo han convertido en una asociación juvenil, así que ahora son más independientes y ya no me necesitan tanto a mí.

Tan independientes que han creado su propia feria de ciencia. La Open Science de Cambre será en el mes de septiembre.
La feria nació con la idea de hacerse en el instituto, para que la gente pudiera conocer lo que hacemos, pero nos dimos cuenta de que había un vacío en este ámbito, que la gente que hace ciencia en Cambre, A Coruña y alrededores no está conectada con la ciudadanía. ¿Sabe la gente que Galicia es una de las regiones de Europa con más investigación en biotecnología? Nos gusta la ciencia que se comparte, que esa riqueza que provoca la ciencia repercuta en nuevas ideas de quien recibe esos datos. Por eso decidimos implicar al Ayuntamiento y a otras entidades e instituciones. Hay un montón de recursos educativos libres que los profesores podemos utilizar en clase, así que esta feria está dirigida, sobre todo, a nuestro sector, porque somos los que estamos entre la ciencia y la sociedad del futuro.

¿Qué es la ciencia ciudadana?
Es la que podemos hacer juntos. Imagina que quiero realizar un experimento y para ello debo recoger muchísimos datos, pues le pido a la ciudadanía si me ayuda a recogerlos. A veces es tan sencillo como apuntar una cifra, enviar una foto o medir con el móvil la cantidad de ruido en una ciudad. Imagina que los que colaboran son niños, ya están tomando conciencia de cómo realizar un experimento y de trabajo en equipo. Es demostrar, en definitiva, que lo que aprendemos en clase tiene su aplicación en la vida ahí fuera.

¿Qué recursos utiliza en clase?
A veces ves por ahí métodos “infalibles”, pero cada uno tiene el suyo. Por suerte, los profesores tenemos ahora mismo muchos recursos con los que poder trabajar, desde laboratorios virtuales hasta los laboratorios físicos, además de juegos. Inés Naya, una chica que está haciendo prácticas conmigo ahora, está hoy mismo realizando una “escape room” –sala de escapismo– con los chicos, de la que tienen que salir resolviendo problemas. A veces un juego nos muestra si los alumnos están comprendiendo los conceptos que damos durante el curso. Los experimentos cortos suelen gustarles mucho y combinamos ese tipo de cosas con las explicaciones, mis alumnos me han dicho “profe, no sé lo que va a pasar mañana en tu clase”. A veces es cierto, sé lo que voy a impartir pero no de la forma en que lo haré.

¿Quedan todavía maestros estancados en los métodos de antes?
Por lo que oigo, sí que quedan, pero estoy viendo que la gente que va aprobando las oposiciones tiene ideas y muchas ganas de hacer cosas, además de estar muy formados y dominar idiomas. No se puede desaprovechar a esa gente, hay que cuidarla, la versión cómoda es abrir el libro y dar la clase pero en la educación hay que salir de la zona de confort, si no, dedícate a otra cosa. La energía que traen los nuevos profesores hay que aprovecharla, no podemos dejar que se estanquen.

¿Cómo motiva a los alumnos?
Sobre todo, haciéndoles ver que lo que aprenden tiene su aplicación en la vida diaria. Ellos deciden sobre qué quieren investigar, qué les interesa, y yo les ayudo.

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