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¿Ilegales?

Pedro Ferrández |

Pedro Ferrández | 02 de junio de 2014

Dos o tres años para atravesar el desierto, algunos llegan, otros no, y solo les vemos las caras unos segundos en nuestras cómodas televisiones, en nuestro paraíso de internet, de móviles, de derechos a punto de reventar, escasez escondida debajo de las alfombras de este primer mundo, en esta África que ya llega a Grecia.

Dos o tres años para atravesar el desierto, algunos llegan, otros no, y solo les vemos las caras unos segundos en nuestras cómodas televisiones, en nuestro paraíso de internet, de móviles, de derechos a punto de reventar, escasez escondida debajo de las alfombras de este primer mundo, en esta África que ya llega a Grecia.
Pero ellos ya han salido hacia la tierra prometida, ¿quién se lo va a impedir? Vallas altas, pelotas de goma; “no mamá yo os sacaré de la pobreza, llegaré, nada puede ser más pobre que esto”.
El continente de la riqueza, “ellos también vinieron de aquí, fueron negros alguna vez y ahora son los depositarios de la cultura ¿Por qué no me puede pasar a mí? ¿Me puedo convertir en blanco?”.
Pero hay otros que piensan que “siempre fuimos blancos y Dios nos ha elegido limpios y piadosos y tienen miedo de lo desconocido o, lo que es peor, no tienen ganas de conocer nada diferente. Han dibujado tantas veces a Dios blanco que se lo han creído, no sé por qué Dios no puede ser a veces blanco, otras negro o amarillo, vestirse de cualquier piel o llamarse como él quiera.
Venir es una forma, su forma de hacerse visibles, de reclamar su parte del botín que nosotros, occidentales, hemos expoliado de su continente: Coltán, diamantes, cacerías, financiando guerras, robos y saqueos. Y vosotros a las puertas de nuestro dios. Me gusta una frase que se acuñó en las minas de coltán en el Congo, allá en las montañas de Masisi, donde el verde desaparece entre una niebla de polvo gris: “El dinero abre las puertas de la casa del diablo”.
Guerras en Sierra Leona, ejércitos enfrentados, niños esclavizados, coltán robado para exportar a EEUU. Nuestro gran evangelio del dinero para reventar al infiel, todo un Hollywood al servicio de la tierra prometida, para morir aplastado en las verjas de la tierra prometida, del paraíso.
Y después Ghana, el basurero electrónico de Europa. Lo que no mata nuestra basura y expolio lo mata el sida. Y ahí están a nuestras puertas los ilegales esperando una respuesta de nuestros iluminados que han encontrado a Dios en una carrera loca. Al menos seamos educados y pidamos a los nuestros ser legales.

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