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Betanzos

Alberto Fraga, actor: "En mis comienzos me decía: ¿A dónde voy yo, un chaval de Betanzos?"


Alberto Fraga, en Santa María, en el mismo sitio donde García Lorca se retrató estando de gira con La BarracaEntrevista a Alberto Fraga
Alberto Fraga, en Santa María, en el mismo sitio donde García Lorca se retrató estando de gira con La BarracaEntrevista a Alberto Fraga
Patricia G. Fraga
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El actor Alberto Fraga (Betanzos, 1997) estrena en diciembre en Avilés ‘Calle Esperanza’, una comedia dramática sobre el desahucio de una anciana que, por una sorprendente coincidencia, tiene muchas similitudes con el caso de Maricarmen Abascal. El texto, de Marta Torres y Alexander Merelo, lleva años escrito y cuenta la historia de una nonagenaria a la que expulsan de la casa la que vive: “Estamos flipando”, reconoce el intérprete, que asegura que “cada día que sale algún dato nuevo, se hablan cosas que apelan directamente al texto”, reflexiona Fraga. 

En cualquier caso, el actor incide en una cuestión importante: ‘Calle Esperanza’ no nace al calor de la actualidad pues es un texto de 2015. “Tenemos que insistir mucho en que no estamos aprovechando la actualidad social para hacer un texto teatral”, explica sobre una obra en la que volverá a coincidir con María Galiana. Porque el 18 de diciembre estrenan en el Palacio Valdés de Avilés y en 2027 continuarán en el Teatro Bellas Artes de Madrid, pero esta aventura comenzó hace semanas, también en la capital de España.

Dirigida por Miguel Rellán, además de Fraga, sobre el escenario estarán María Galiana y Javier Mora. Ella interpreta a la víctima, que se resiste a abandonar su casa; Mora da vida al gestor procesal que participa en el lanzamiento y el betanceiro se mete en la piel de un agente antidisturbios: “Vamos los dos, llegamos y decimos: señora, usted se tiene que ir de su casa”, cuenta Fraga. “Pero nos encontramos con que la señora dice que ella no se va” y, a partir de ahí, el poder que parecía estar del lado de los funcionarios comienza a tambalearse, surgen las dudas y las reflexiones: “Hay un conflicto enorme con lo que tiene que hacer y con lo que siente”, señala Fraga. “En qué momento un proceso administrativo está por encima de lo que tú piensas o de lo que tú defiendes a nivel de principios”, se pregunta sobre el conflicto interior al que se enfrenta su personaje en ‘Calle Esperanza’. 

Un conflicto que se aborda desde la comedia, lo que considera especialmente eficaz para hablar de asuntos difíciles: “La comedia es la manera de contar las cosas que mejor tolerancia genera con el público”, sostiene el intérprete, que insiste en que “Puedes estar hablando de algo muy serio, pero si la gente se ríe, lo está recibiendo”, dice Fraga.

La intención es poner sobre el escenario una situación que, en la realidad, dista mucho de ser divertida porque “no puede ser que se eche a una persona de su casa en una situación de enorme vulnerabilidad”, reflexiona el actor antes de regresar a Madrid. La ciudad en la que reside desde hace años “para estar cerca de la industria” pero donde no acaba de sentirse en casa y donde reconoce muchos obstáculos: “Soy consciente de mi realidad y la exprimo al máximo”, dice. 

Antes de ‘Calle Esperanza’, Alberto Fraga recorrió un camino nada convencional, pues su relación con el arte comenzó mucho antes con la música que con la interpretación, y en Betanzos. 

A los cinco años empezó formación musical y a los seis cogió por primera vez el saxofón. Estudió en el conservatorio de A Coruña hasta sexto de profesional y llegó a plantearse seriamente dedicarse a la música, especialmente al jazz, aunque terminó cursando el Bachillerato de Ciencias Tecnológicas y después se marchó a Vigo para estudiar Ingeniería de Telecomunicaciones. “Fue mi primer golpe de realidad en la vida. Aquello no era lo que me gustaba”, recuerda ahora entre risas, aunque en su momento le costó un mundo tomar la decisión de dejarlo y volver a casa, a Betanzos.

Después llegó Economía, en Santiago. Y mientras estudiaba la carrera comenzó a rondarle la idea de convertirse en actor pero el miedo le impedía decidirse: “Me decía: ¿a dónde voy yo? Un chaval de Betanzos. Siempre tuve mucho miedo”, recuerda de aquellos inicios en los que acabó matriculándose en Interpretación en A Coruña. 

Durante tres años viajó prácticamente a diario entre la ciudad coruñesa y Compostela: Interpretación por las mañanas, Economía por las tardes en Santiago. “Yo estudié dos carreras a la vez”, resume el artista betanceiro, que se niega a recordar aquello como una etapa de sacrificio, sino como una de las mejores de su vida porque “no había las mismas responsabilidades que ahora”, matiza Fraga. 

Después de graduarse llegó Madrid. En casa, sus padres, que inicialmente habían querido que tuviera una segunda opción profesional, terminaron apoyándole también en ese salto, así que se matriculó en la escuela de Juan Codina, continuó formándose y comenzó a trabajar con representantes. Durante un tiempo se puso plazos. “Si de aquí a enero no me sale nada, me vuelvo a Galicia”, se decía. Llegaba enero y aparecía un proyecto, y entonces aplazaba de nuevo el regreso a Betanzos. Hasta que apareció ‘La reina de la belleza de Leenane’.

La oportunidad le llegó estando en Galicia, durante una Navidad. El actor se enteró de una prueba en Madrid, cogió un avión y se presentó al casting.

“Fui con el cuchillo entre los dientes. Me acababa de gastar dinero en los vuelos, había venido a Madrid solo para esto.... Me lo como”. El último de una veintena de candidatos en hacer la prueba. A las cuatro de la tarde, apenas media hora después de regresar a casa, recibió la llamada de producción. Lo habían elegido. De repente, aquel actor que todavía arrastraba la sensación de ser un intruso iba a compartir escenario con intérpretes como María Galiana. “Llegó el vértigo absoluto”, dice.

La experiencia acabó siendo una catarsis. La producción hizo 125 funciones, dos temporadas en Madrid y giró por algunos de los principales teatros españoles. “Yo era como un niño en un campamento, estaba trabajando en lo que me gustaba y era como ir de excursión”, dice Fraga. 

Aquella etapa también le permitió recorrer el país y estrechar vínculos con sus compañeros, como Juan Echanove, que era el director de aquella obra, o con Javier Mora, con quien vuelve a coincidir, lo mismo que María Galiana. La actriz, cuando leyó la obra, lo tuvo claro: “Esto lo hace Albertito”.

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