Xosé Tomás, autor del cartel de las Festas de Betanzos 2026: “El Globo de San Roque siempre está, es un chute de emoción”

El autor del cartel de las Festas de San Roque 2026 explica el simbolismo de una obra que apuesta por la emoción, por las tradiciones y por un sentimiento único que comparte todo Betanzos. Además, repasa casi cuatro decenios como uno de los ilustradores del Globo de San Roque y desvela algunos de los secretos de su elaboración, que no ha cambiado desde 1875.
En esta edición, el diseño rompe, en cierto modo, con la tendencia de los últimos años, aunque la ‘estrella’ es la de siempre: el Globo de San Roque. Esta vez decide que la verdadera historia la cuentan una niña y un adulto, a los que sitúa en Santa María, con las casas de colores de Fernán Pérez de Andrade. “Lo que mantuve siempre es el Globo (de San Roque), porque es la seña de identidad y lo que hace diferentes a las fiestas”, explica Xosé Tomás.
Sin embargo, sentía que en sus últimos carteles había dado demasiada importancia a la arquitectura de Betanzos. “Eran imágenes bonitas, casi como una postal, pero no transmitían tanta emoción”, comenta el autor, que decidió incorporar una escena cotidiana: una niña subida sobre los hombros de un adulto contempla, maravillada, el inmenso aerostato ascendiendo sobre el casco histórico, sobre las calles Noas, Os Ferreiros, Cortaduría, Irmandiños...

“Las personas son las que transmiten emociones y ese rostro infantil representa la capacidad de sorpresa que tienen los niños”, aclara Xosé Tomás. En cada uno de sus carteles ha tratado de mostrar un rincón distinto de la ciudad, y en esta ocasión eligió un espacio, el entorno del Mercado de Santa María, que nunca había incluido en sus composiciones, pese a la cantidad de enclaves ilustrados en más de veinte años: “Siempre procuré distintas visiones del Globo de San Roque, desde la García Irmáns, desde A ‘Volta do Codo’...”.
El resultado combina contexto urbano y vida cotidiana en una imagen reconocible para cualquier natural de Betanzos y, atravesando toda la obra, el asombro de quien contempla el Globo de San Roque. Para el ilustrador, todo el ceremonial que rodea la confección, decoración y elevación del aerostato tiene “algo de realismo mágico” porque "a quien no lo conoce y se lo cuentas le resulta imposible. Un globo gigante de papel... parece un sueño o una locura que a alguien se le ocurrió”, añade el artista, que este año también acudirá a su cita con el ingenio de Claudino Pita.
Nadie representa mejor la capacidad de sorprenderse que un niño y, de ahí, su elección: “Un adulto lo habrá visto en veinte mil ocasiones pero una niña puede estar viéndolo por primera vez de manera consciente”, insiste Xosé Tomás.
La escena también habla del relevo generacional que, desde hace 150 años, se da en cada casa de Betanzos. No importa si el adulto es un padre, un abuelo o un tío; lo que importa es ese instante compartido, “esa emoción que se transmite de abuelos a nietos, de padres a hijos”, sin descanso desde 1875. Porque, según reconoce, lo de la medianoche del 16 de agosto no es solo un espectáculo, “es un chute de emoción, y una emoción colectiva y, además, positiva”, sin reparos y sin complejos, con abrazos y sonrisas desde la García Irmáns.
Pero no solo el cartel refleja el vínculo sentimental de Xosé Tomás con San Roque. Este año cumple 55 años y comenzó a pintar el Globo de San Roque cuando apenas tenía 17. “Lo pensaba el otro día... y dije: madre mía”, casi cuatro decenios colaborando, interviniendo en una de las etapas más delicadas, la última antes de su traslado a Santo Domingo. “Los dibujantes somos prácticamente los últimos que intervenimos”, cuando la estructura está completamente terminada, con sus dieciséis cuarterones, sobre el suelo del CEIP Vales Villamarín.
No se utilizan pinturas comerciales ni rotuladores porque también aquí se sigue la tradición, lo que limita los colores pero engrandece aún más el Globo de San Roque. Así, están el negro, el rojo, el azul, el amarillo y el verde, y los blancos: “Si queremos pintar en blanco, utilizamos tiza”, explica Xosé Tomás.
Además, los artistas intentan evitar mezclar colores, ya que los pigmentos se mezclan con el mismo engrudo que de harina de centeno que se utiliza para pegar el papel: “La harina se mezcla con agua y se deja fermentar durante días, por lo que cuando vas a pintar huele fortísimo”, comenta, convencido de que también ese olor es parte de la magia del coloso de Betanzos.














