Lo nunca visto en Betanzos: el sorprendente Lavadero de As Cascas se reinventa como espacio expositivo

El Lavadero de As Cascas es uno de esos sitios alucinantes que todavía conserva Betanzos. En unos meses se cumplirán 124 años de la entrada en servicio de unas instalaciones que, como casi todas las impulsadas por los García Naveira, supusieron toda una revolución para una ciudad que en 1902 no tenía ni 10.000 vecinos pero sí una construcción que, por su diseño y usos, sigue siendo única en España. Un inmueble que, a pesar de los cambios sociales que acabaron con la actividad para la que se había diseñado y de las enormes dificultades que comporta su cuidado, aún mantiene ese misterio que, en ocasiones, atrae a residentes y visitantes, asombrados por el encanto del enclave y por el murmullo del Mendo. La última, hace solo unos días, cuando se organizaron una visita y una “xuntanza interxeracional” que, de la mano de Sara Fraga, resultó todo un éxito y se inauguró la exposición ‘O oficio de lavar: unha cartografía sensible’, de Xoana Abraira.

La muestra, que continúa en As Cascas, nació como una investigación artística alrededor de los lavaderos, del oficio de lavandera y de la tarea de lavar la ropa, entendidos como ocupación doméstica y como espacios de memoria colectiva, encuentro y relación social, dice Abraira.
La artista explica que “o proxecto xorde inicialmente como TFG (Traballo de Fin de Grao)” en Bellas Artes pero que, una vez acabados los estudios, decidió continuar desarrollando su idea y moviéndola por distintos espacios expositivos, no solo para ampliar la investigación sino también para acercarla a la ciudadanía: “Comencei a movelo bastante e a presentalo a premios, porque me interesaba sacarlle partido, que se vise”, dice la autora que, para empezar, se centró en la ciudad de A Coruña.

Origen
Una serie de noticias sobre la desaparición de lavaderos en toda la comunidad la animaron a indagar en su historia y en la realidad de quienes los utilizaron; a asomarse a los archivos para reunir los datos necesarios y a recuperar la memoria oral, incluso la de sus abuelas; a acercarse al oficio a través de una “relectura dos relatos sociais” todavía imperantes en Galicia.
Así, recurriendo a “presupostos artísticos como o traballo con materiais simbólicamente cargados como os tecidos, así como a fotografía e o texto a través dunha estética próxima á pancarta”, consigue revalorizar “estes traballos femininos historicamente invisibilizados” insistiendo en la dureza física de su tarea y en el valor humano y comunitario que genera y reivindicando la dignidad de los cuidados de la casa y de sus ocupantes, así como su importancia dentro de la historia de Galicia.

Con todo, la adaptación de ‘O oficio de lavar’ al contexto de Betanzos surgió hace solo unos meses, “tras presentar o proxecto en Espazo Vaina”, también en As Cascas, en la otra orilla del Mendo. Allí contactó con el director del Museo das Mariñas, Ángel Arcay, “quen me fixo a proposta de adaptalo a Betanzos”.
Esa adecuación implicó “unha reconfiguración das pezas existentes e unha nova procura documental centrada nos lavadoiros betanceiros” y, entre otros cambios, la elaboración de una cartografía de estos espacios en el municipio, tanto en el rural como en el casco urbano, siguiendo la metodología empleada antes en A Coruña: “Tiña unha peza que era unha especie de cartografía na que ubicaba os lavadoiros que había na Coruña e fixemos o mesmo cos de Betanzos”.
Uno de los elementos clave de la muestra es la reflexión sobre los lavaderos como espacios de relación social, más allá de un centro “de traballo duro e sacrificio físico”, como “espazos de encontro feminino, e de intercambio cultural e de saber”, donde hablar, cantar y compartir secretos; donde comer y calentarse en el caso del construido por Juan María y Jesús García Naveira. “Ten esa parte fermosa, aparte da dureza que podían supoñer tanto os pesos cargados como lavar en Galicia no inverno”, reitera Abraira.
La autora califica como algo “moi poderoso” la existencia de sitios “concibidos exclusivamente para un oficio feminino” porque, de alguna manera, esto contribuía a conformar un sólido entramado social y a afianzar el sentimiento de pertenencia a una sociedad o a un territorio, explica la creadora desde el interior de As Cascas.
Esta es la primera vez que exhibe su obra en un lavadero y, aunque “a montaxe sempre me parece das partes máis complexas”, el resultado superó las expectativas iniciales: “Quedei moi satisfeita porque me sorprendeu ver como respiraban as pezas neste espazo”, que permitió “que as obras dialogasen directamente co entorno”, con Betanzos.
“É fermosísimo, ten unha arquitectura impresionante”, destaca antes de incidir en que el uso de tejidos como soporte principal refuerza aún más esa conexión conceptual con el lugar y “todo o traballo vehiculábase a través dos tecidos”, señala, delante de un atillo de 30 kilos, Xoana Abraira
Reflexión
Tras las actividades del sábado, artistas y vecinos reflexionan sobre cómo se deberán ‘reconducir’ espacios como el Lavadero de As Cascas. En este sentido, Xoana Abraira, que conoce la situación de muchas construcciones similares que han desaparecido en toda Galicia, considera que acabaron “abandonados ou infrautilizados, malia teren un enorme potencial como lugares culturais e comunitarios”, explica la creadora, que lamenta especialmente esta circunstancia porque “son espazos con moito potencial e que hoxe están, en moitos casos, moi abandonados, e é unha pena”.
En su opinión, sería necesario repensar colectivamente los usos de este tipo de inmuebles y encontrar una solución “para reaproveitar eses lugares, xa sexa como sala expositiva ou como espazo de xuntanza e ocio”, añade Abraira.
En este sentido, advierte de lo que está ocurriendo en las ciudades, como en A Coruña donde “dos trinta lavadoiros que había, agora creo que só quedan tres”, señala antes de matizar que otras veces, se realizan “intervencións pouco sensibles coa estética orixinal” en un amago por renovarlos, pero que rompen totalmente con su historia al incorporar materiales que nada tienen qué ver con la realidad de unas construcciones que resultaron esenciales para las mujeres de Galicia.
Con todo, más allá de la recuperación patrimonial, esta muestra “converte os lavadoiros en símbolos dunha memoria feminina colectiva que segue viva nos arquivos”.













