Betanzos, en el Arxiu Nacional de Cataluña: la muestra definitiva de la revolución social del oro verde

El Archivo de Betanzos se ha hecho eco estos días de unas sorprendentes imágenes de la ciudad que custodia la Generalitat de Cataluña. Unas vistas aéreas del Fondo TAF Helicòpter SA, una empresa especializada que, entre 1950 y 1980, realizó vuelos por toda España. Una media docena de entre las más de 64.000 que se pueden consultar y que conforman un testimonio único de las transformaciones urbanísticas, industriales y sociales de la segunda mitad del siglo XX.
En ellas, la escasa construcción alrededor del centro urbano y la cantidad y extensión de terrenos cultivados muestran un municipio que nada tiene que ver con el actual pero, sobre todo, destaca un edificio: el antiguo secadero de la Sociedad de Fomento de Lúpulo. Unas instalaciones que en su momento supusieron una ‘revolución’ en todos los sentidos y que ahora, al verlas desde el aire, sin nada alrededor, transcurridos más de setenta años, revelan la importancia del oro verde para la economía de Betanzos.
La industria se instaló en la ciudad en 1951 –las instalaciones, donde se implantaron las técnicas más modernas, se inauguraron el día 6 de septiembre con asistencia del ministro Cavestany de Anduaga– aunque el cultivo se había introducido muchos años antes, en 1927, por iniciativa del agricultor Raúl Fernández Meás, que “vai inzando de rodrigas a bisbarrá mariñá”, escribió con admiración Francisco Vales Villamarín.
En un artículo de la revista Historia Agraria, del que es coautor el betanceiro Pedro Varela Vázquez, profesor de Historia Económica en la Universidad de Santiago de Compostela, se exponen los motivos por los que el cultivo del lúpulo se consolidó en determinadas zonas, entre las que “sobresale, por su carácter pionero, la comarca de Betanzos, en el noreste de la provincia de A Coruña”.
El secadero llegó a contar con catorce cámaras de desecación con cabida para 1.500.000 kilos de flor fresca, y capacidad para producir 6.000 kilos diarios de lúpulo seco, siendo el año más rentable el de 1963, cuando se contabilizaron 240 toneladas, dos decenios antes del cierre definitivo de la Sociedad de Fomento del Lúpulo en Galicia.
Entre las conclusiones del artículo de Varela sobresalen las que apuntan a los motivos de esta desaparición: tras las etapas de emergencia sectorial (1914-1949) y desarrollo (1950-1963), se inició una tercera, la del declive (1964-1981), en la que incidieron “diversos factores inherentes al propio desarrollo sectorial” que “deterioraron la rentabilidad económica” y acabaron con el abandono de este cultivo en la década de 1980.
En mismo estudio, los investigadores inciden en que “el modelo de pequeñas explotaciones familiares ya no era rentable en un contexto de creciente mecanización desde finales de la década de 1950”, y a esto se suman que la mano de obra acabó mermando así como el reducido incremento de los precios pagados por el lúpulo en comparación con la subida de los costes haciendo “cada vez menos atractivo dicho cultivo en relación con otros productos agrícolas tradicionales de la zona” de As Mariñas.
Desde el Archivo de Betanzos señalan que se han recibido donaciones importantes de los descendientes de algunos de los responsables y empleados de la sociedad estatal “que permiten afondar na relación de Betanzos e o lúpulo” y, sobre todo, “documentar con imaxes todo o traballo que se facía no secadoiro” y que tantos empleos creó en la ciudad y en los municipios más cercanos, tanto de la comarca de Betanzos como de algunos ayuntamientos de la de A Coruña.
Todos estos artículos tendrán su sitio en el espacio dedicado al patrimonio etnográfico de la comarca cuya apertura ultima la reserva de biosfera y que se emplaza dentro del mismo Museo das Mariñas.









