
Están las casas, las cuevas y el Herodium pero también Picachá y Santo Domingo. Incluso la Torre de Hércules. Tiene a Jesús, José y María, y a Melchor, Gaspar y Baltasar siguiendo la estrella de Oriente y, entre unos y otros, a ‘mariñeiros’ y ‘labradores’ danzando alrededor del Globo de San Roque. Así, tan especial como singular, es el nacimiento que abre cada Navidad en el Edificio Archivo de Betanzos.
El relato es idéntico al que recogen los evangelios pero con concesiones a la cultura de Betanzos y cambios en el modo de transmitirlo para acercarlo a la sociedad actual: “La narración está hecha a la medida de cómo se habla ahora”, explica Manuel López Castro, el sacerdote encargado de este entramado de cables, cuadros eléctricos y conducciones; casi un millar de elementos e incontables conexiones dispuestas sobre más de doscientos metros, en un extremo de la sala de usos múltiples desde 1996. Una representación única que atrae cada año cientos de visitantes y en la que las figuras adquiridas en Puente Tocinos, cuna del belenismo, o incluso en Belén, comparte espacio con las creaciones de artesanos como Luis Otero, autor de la última incorporación: Adán y Eva en el Jardín del Edén. “Está hecha a mano, tallada en madera, y aún no tiene un sitio definido pero es una maravilla”, explica López Castro entre explicación y explicación a los visitantes que se acercan para conocer el nacimiento, “ahora mismo, uno de los más destacados de Galicia”.
“Hace unos días vino un matrimonio de Olot, en Girona, y me comentaron que era uno de los nacimientos que más les había sorprendido de los muchos que han visitado en toda España”, apunta el sacerdote que, tras casi sesenta años dedicado a esta empresa (inicialmente, entre 1968 y 1995, en Santo Domingo y desde 1996 en el Edificio Archivo) valora la constitución de una asociación para dar continuidad a la tradición y contar con los colaboradores necesarios para el mantenimiento, la organización o las visitas, que algún año superaron las 20.000.
Otra de las novedades de este año es la representación de Saúl, David y Salomón, que emergen en medio de un mar de casetas, caminos, establos, ríos y montañas, sobre los que llueve y nieva; vuelan ángeles y arcángeles y hasta un “aerostato xigante” con el que “a Vila de Untia festexou a boa nova” de la Natividad.
En cada sesión, una voz en off narra, en menos de cuarenta minutos, lo sucedido hace más de dos mil años en Belén de Judea.














