
Las colecciones más ‘sentidas’ del Museo das Mariñas siguen creciendo a merced de la sensibilidad de algunos vecinos que, con sus aportaciones y colaboración altruista, confirman su compromiso con Betanzos. Esta vez, como ha ocurrido en otras anteriores, se trata de una donación “moi especial”, señala su director, Ángel Arcay.
María Dopico, que hace unos meses entregó material vinculado con El Pasatiempo, acudió acompañada de sus sobrinas Águeda, Aine y Alicia para entregar una obra que, por su autor, por las anécdotas con él vividas y por lo que en ella se representa, despertará la memoria de los años 90 en Betanzos. Un dibujo del atrio de Santa María do Azougue y de la iglesia de San Francisco, realizado por el artista húngaro Zoltan.
“Hasta el momento, el museo no contaba con ninguna obra de su autoría”, comenta Arcay. La colocarán en los espacios reservados a quienes, como Zoltan, 'el Húngaro', se inspiraron en las calles, el entorno natural, las tradiciones y la ciudadanía de Betanzos.
En la capital del Mandeo son muchos los que aún lo recuerdan vagando por las calles de la ciudad, con sus lápices y una enorme carpeta roída con cintas deshilachadas; siempre en disposición de retratar los paisajes y el paisanaje de As Mariñas. Un hombre que no pasaba desapercibido y que, al contrario, sin pretenderlo, destacaba por su aspecto y por su cultura; colaborador del archivo histórico y Anuario Brigantino, donde en 1991 publicó ‘Los Andrade’.
Zoltan Varga-Haszonits murió en Pontevedra, a donde se había trasladado unos años antes desde Betanzos, en 2010. De su habilidad para transcribir documentos antiguos y de su capacidad creativa se habló y escribió mucho aquí y allá porque era algo que no podía ocultar detrás de aquella imagen descuidada que nada tenía que ver con sus orígenes notables en Hungría.
Con el tiempo se supo que estudió Filología en la Universidad de Budapest, que era hijo de una pintora y un militar y que, gracias a los contactos de su padre, un alto cargo de la Federación de Fútbol de Hungría, pudo viajar a España coincidiendo con el Mundial 82. Él nunca hablaba de aquello, ni siquiera con quienes lo invitaban a un café a cambio de una charla en la desaparecida Heladería Maino. “Qué culto es, es increíble, qué culto es...”, insistía uno de aquellos contertulios, convencido de que aquel artista era alguien instruido a pesar de sus evasivas para ahondar en sus raíces y sus años en Hungría.
Desde el Museo das Mariñas agradecieron a María Dopico “esta nueva donación” y que acercase a sus sobrinas hasta el museo implicándolas “en la vida diaria” de estas instalaciones y en el acto de donación, donde intervinieron activamente: “Al igual que María; Águeda, Aine y Alicia firmaron el acta y ayudaron luego a guardarla en las dependencias del Archivo Municipal de Betanzos”.














