viernes 18/9/20

Un serbio y una gallega crean un espacio de coworking en una aldea de O Xurés

El proyecto destaca las ventajas de un entorno libre de distracciones

Dos jóvenes procedentes de entornos urbanos, un serbio y una viguesa, crean un “coworking” en el rural gallego ideado desde un primer momento para incrementar la productividad y compaginar ese mayor rendimiento laboral con la convivencia.

María Rodríguez y Edo Sadikovic posan en las instalaciones de Sende	efe
María Rodríguez y Edo Sadikovic posan en las instalaciones de Sende efe

Dos jóvenes procedentes de entornos urbanos, un serbio y una viguesa, crean un “coworking” en el rural gallego ideado desde un primer momento para incrementar la productividad y compaginar ese mayor rendimiento laboral con la convivencia.
Multiplicar la eficiencia con la ayuda de un entorno estimulante y sin distracciones como el que brinda la aldea de Senderiz, situada en Ourense, es la filosofía de “Sende”, el nombre de un proyecto que está a punto de cumplir un año de vida si el recuento se hace desde el día en el que comenzó su diseño.
Edo Sadikovic, de 27 años, y María Rodríguez, de 25, cambiaron con un gran convencimiento su residencia habitual por este pequeño núcleo y jamás hubo lugar al arrepentimiento, puesto que la pareja está convencida del enorme potencial que Galicia esconde en zonas como la que ellos han elegido.
“Comenzamos con la rehabilitación de espacios comprados y cedidos para empezar la actividad como tal este verano”, explican ambos, y el resultado llegó de la mano de oficinas muy poco habituales radicadas en espacios naturales y con unas vistas que incitan a la creatividad.
Sadikovic está seguro de que “aquí uno puede trabajar diez veces más rápido de lo normal” porque las preocupaciones que son ajenas al cometido de cada persona son prácticamente mínimas y el ambiente mejora la inspiración.
Jardines con mesas, la estampa de O Xurés delante y asesoramiento para establecer una agenda son solo algunos ingredientes de “Sende”.
La artesana María y su compañero Edo, ambos dueños de una agenda viajera que revienta por las costuras, son muchas cosas, pero sobre todo artistas, educadores y emprendedores, como ella misma detalla, antes de abundar en esta última condición y en su actual propuesta.

intercambio de ideas
Los usuarios que acuden a “Sende” para intentar sacar un proyecto disponen de internet, alojamiento y comida, “pero más importante aún es la relación entre profesionales y ese intercambio de ideas que se da entre una comunidad de gente”.
No en vano, en esta pequeña población no solamente se desarrolla “coworking”, sino que éste se ve complementado con una experiencia de “coliving”.
Desde junio se han visto seducidos por la idea un centenar de clientes y por actividades de lo más variopinto: “un English Camp, tres encuentros para la redacción de diferentes proyectos, un festival de dibujo y un intercambio en el que participaron 35 jóvenes de Grecia, Portugal, Croacia, Rumanía y España”.
Aunque la filosofía del “coworking”, compartir espacios para el trabajo y sumar sinergias para colaborar en proyectos, está cada vez más en alza, este tiene un valor añadido: la convivencia que se da en un entorno rural de Galicia.
“Muchos de los asistentes se quedan asombrados al comprobar cómo es la convivencia en una aldea, la generosidad y la solidaridad de los vecinos”, cuenta Rodríguez.
Y basta pasar unos minutos en Senderiz y cruzarse con algunos de sus moradores habituales para confirmar que si los visitantes están satisfechos, los oriundos del lugar se muestran encantados con esta “reactivación” del pueblo.
“Muchas veces nos dicen que traigamos más gente y sigamos con las actividades”, enfatizan Edo y María. No extraña, por tanto, que los vecinos de Senderiz formen parte, de uno u otro modo, de algunas de sus iniciativas.
Por ejemplo, en los intercambios se organizan “noches interculturales” en las que también participa la vecindad de Senderiz y la diversidad se convierte “en la mayor de las riquezas”.
Pero, ¿cómo este serbio coordinador de proyectos internacionales en su país y una integradora y educadora social de Vigo terminaron en Senderiz?
La respuesta no se hace esperar: “Buscábamos un espacio que se ajustase a nuestras necesidades... y a nuestras posibilidades”. La inversión necesaria fueron 20.000 euros “y mucho trabajo por nuestra parte. La mayoría de las obras las hicimos nosotros”. Los precios de su negocio son económicos, y esto se debe a que el objetivo es “cubrir el mantenimiento de las instalaciones donde nosotros también vivimos”.

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