miércoles 16.10.2019

Programa Esfuerza, escuela de campeones

Poder escribir una página completa cada mes en este periódico es un privilegio. Siempre me ha gustado escribir y poder compartir pensamientos e ideas es una gran suerte, pero en esta ocasión lo es más si cabe, ya que la sección de hoy es un cauce para poder dar las gracias públicamente. 

Programa Esfuerza, escuela de campeones

Poder escribir una página completa cada mes en este periódico es un privilegio. Siempre me ha gustado escribir y poder compartir pensamientos e ideas es una gran suerte, pero en esta ocasión lo es más si cabe, ya que la sección de hoy es un cauce para poder dar las gracias públicamente. 
Cada día podría hacer una larga lista de personas a las que les gusta su trabajo. Su pasión por lo que hacen se expresa en el buen resultado de sus tareas y también por una expresión de felicidad en la cara. Suele suceder que quien reúne esas dos características, tan importantes, son eficaces y con su servicio generan un bien social incalculable. Por eso, un trabajo que en apariencia pueda parecer pequeño o invisible, tiene unos resultados de gran magnitud y calado.

Desde pequeña una de mis fábulas favoritas ha sido la de la cigarra y la hormiga. En su moraleja reside una de las enseñanzas más importantes, tanto para la vida como para el trabajo, y es que una tarea bien hecha exige grandes dosis de paciencia, cariño, empeño y esfuerzo. A lo anterior habría que tener presente también el servir bien y con alegría a los demás.

gradecimiento
Por eso, al ver que un equipo reúne todas esas condiciones, salen palabras de agradecimiento. Eso es precisamente lo que me pasó al conocer este año de primera mano la labor que ofrece como pionera desde el año 2007 la coruñesa Fundación María José Jove y cuenta desde 2014 también con el apoyo de la Obra Social la Caixa a través del programa Esfuerza. Con esta iniciativa se promueve la actividad física saludable entre el colectivo de personas con diversidad funcional.


Si ya el deporte es bueno en su esencia, el hacerlo llegar sin barreras a todos lo eleva a una categoría sin duda más especial 


Este año, en su edición de verano, participan en el total de sus geniales actividades más 350 personas. Durante el pasado mes he podido ver muy de cerca una de ellas, concretamente la de vela, en la que participan 72 personas que disponen de embarcaciones adaptadas a sus necesidades y que les permiten disfrutar del mar viento en popa, a toda vela. 
He visto alumnos entregados, disfrutando de una actividad que les da alas para disfrutar de uno de los espacios más especiales de este planeta: el agua salada. Pude conocer, sobre todo, gente buena y profesional, que sabe hacer de una actividad deportiva algo realmente grande. Si ya el deporte es bueno en su esencia, el hacerlo llegar sin barreras a todos lo eleva a una categoría sin duda más especial. 
Por eso, esperando en el dique, he aprendido que una actividad física tiene efectos que van mucho más allá de los músculos que se ejerciten o de las metas que se consigan. Su grandeza reside en que hace que una persona suelte amarras (nunca mejor dicho) y sea capaz de navegar ya no solo con su cuerpo, sino con su imaginación. Esto, especialmente, da como resultado que se active la alegría, la confianza y la seguridad.

La vela
Si ya antes la vela me parecía el mejor de los deportes, gracias a ver el buen trabajo que se desempeña desde el Programa Esfuerza y los resultados en sus participantes, ahora le veo unas posibilidades enormes de hacer felices y seguros a aquellos que lo practican. Además, con la vela, se entiende perfectamente el papel de la hormiga del cuento: paciencia, cuando no hay viento; destreza, para saber llevar la caña; constancia, para llegar a buen puerto y, finalmente, una buena dosis de alegría y confianza para no tener miedo a las olas que puedan surgir. En aplicar todo lo anterior, los alumnos de esta escuela de vela tienen todos Matrícula de Honor y sus monitores, un Sobresaliente Cum Laude.
En conclusión, he visto durante semanas a gente sonriendo mientras hacía su trabajo y a unos alumnos entregados y valientes capaces de llegar a América en Vaurien si hiciese falta. Me encantaría que actividades como esta durasen muchos años más, para que puedan seguir contagiando con esa ilusión a los que tenemos la suerte de tenerla tan cerca. 
En definitiva, iniciativas así enseñan la más animante y motivadora de las lecciones y es que tanto en la vida como en los océanos ningún mar en calma, hizo experto un marinero.

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