jueves 26/11/20

El Niño deja 100 millones de euros muy repartidos en dos barrios de Bilbao

El Gordo del Sorteo del Niño dejó ayer cien millones de euros en Bilbao, en los barrios de Deusto y Arangoiti, donde se vendieron íntegramente las 50 series del 05685. T

Los dueños y trabajadores de la administración de Lotería de la avenida Lehendakari Aguirre, en Bilbao, celebran haber vendido el Gordo del Sorteo del Niño | efe
Los dueños y trabajadores de la administración de Lotería de la avenida Lehendakari Aguirre, en Bilbao, celebran haber vendido el Gordo del Sorteo del Niño | efe

El Gordo del Sorteo del Niño dejó ayer cien millones de euros en Bilbao, en los barrios de Deusto y Arangoiti, donde se vendieron íntegramente las 50 series del 05685. Todos los 500 décimos, cada uno de ellos premiado con 200.000 euros, se vendieron en la ventanilla de la administración número 19, en la céntrica calle Lehendakari Aguirre, de los cuales 132 fueron para el bar Ziortza, del barrio obrero de Arangoiti.

En este bar, que ayer estuvo cerrado pese a repartir 26,4 millones en premios, se juega todas las semanas, en décimos, el número 05685 desde hace 19 años y es de suponer que se seguirá jugando también a partir de ahora.
El dueño del local, Tomi, explicó que los afortunados son “gente obrera, clientes de todos los días de un bar de barrio”.
“Me alegro de que les haya tocado. Hay de todo, pero mayoritariamente somos obreros y a nadie le amarga un dulce”, dijo Tomi, que al ser preguntado por qué no había abierto ayer el bar respondió: “Porque no quiero trabajar más”. Pese a las persianas bajadas del Ziortza, los afortunados vecinos de esta zona de Arangoiti, en la ladera de uno de los montes que rodea Bilbao, se concentraron en los soportales para celebrar su suerte, aunque el champán lo tuvieron que comprar en el bar de al lado, que sí estaba abierto y cuya dueña también jugaba un décimo del 05685, además de la caja “extra” que hizo gracias al Gordo.

Ilusión
Alberto, uno de los afortunados de Arangoiti, comentó que él comenzó a comprar semanalmente el 05685 del Ziortza cuando falleció su padre para dar continuidad a su costumbre. “Mi padre falleció y jugaba siempre ese numero, es una ilusión tremenda”, apuntó Alberto, que también recordó que el número lo empezó a comprar “el padre de Yoli, que se ha muerto este año y algo habrá hecho desde ‘arriba’”. En cuanto al destino del premio recibido, además de recordar la parte (20 por ciento) que corresponde “a Montoro” –más bien a la Hacienda Foral de Vizcaya, que es la competente en materia fiscal– la mayoría menciona el típico de “quitarse la hipoteca”. Por su parte, Juan Elejalde, uno de los tres hermanos dueños de la administración que vendió el premio, destacó que el Gordo está “muy repartido” por Deusto, Arangoiti y también otras zonas de Bilbao, porque la administración está en un lugar de paso, la avenida Lehendakari Aguirre.
Por otro lado, el número 18442 fue agraciado con el segundo premio del Sorteo Extraordinario de Lotería del Niño y se vendió en parte en Vitoria, Anoeta y Eibar.

El segundo premio también dejó unos 11 millones de euros en Villasana de Mena, una localidad burgalesa próxima al límite con la provincia de Vizcaya. Dotado con un total de 750.000 euros a la serie, el 18442 se vendió también en Valencia, Andalucía, Cataluña, Canarias, Madrid, Murcia o Asturias. Una familia de etnia gitana que vive en la pequeña localidad de Benijófar (Alicante) y que en el reciente Sorteo de Navidad fue agraciada con un quinto premio (60.000 euros) ganó ayer con El Niño un total de 750.000 euros por tener diez décimos del segundo.
Mientras, una administración de lotería histórica en la Región de Murcia, como la Virgen del Castillo de Yecla, vendió íntegro el tercer premio de la lotería del Niño, dotado con 250.000 euros por serie y que recayó en el número 23282, lo que supone que repartió 12,5 millones en premios en la localidad.
La noticia de que habían vendido íntegramente el tercer premio sorprendió a las hermanas Alicia y Alejandra Villaescusa González Moro, propietarias de la administración, en pleno viaje “para desconectar”, según confesó su madre, Alicia González Moro.

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