jueves 3/12/20

El jurado popular del crimen de Asunta inicia su debate con varios cabos sueltos

Las contradicciones de Rosario Porto, la sedación continuada durante meses de Asunta, los episodios e indicios sin explicación registrados en este período y el grado de participación de Alfonso Basterra en el crimen son algunos de los cabos sueltos que dejaron las 18 jornadas del juicio que ha tratado de esclarecer la muerte de la niña, ocurrida en las inmediaciones de Santiago el 21 de septiembre de 2013.
 

Alfonso Basterra y Rosario Porto, durante una sesión del juicio, celebrado en Santiago	ep
Alfonso Basterra y Rosario Porto, durante una sesión del juicio, celebrado en Santiago ep

Las contradicciones de Rosario Porto, la sedación continuada durante meses de Asunta, los episodios e indicios sin explicación registrados en este período y el grado de participación de Alfonso Basterra en el crimen son algunos de los cabos sueltos que dejaron las 18 jornadas del juicio que ha tratado de esclarecer la muerte de la niña, ocurrida en las inmediaciones de Santiago el 21 de septiembre de 2013.
Los nueve integrantes del jurado popular que acudieron a estas sesiones se reunirán desde hoy, aislados, para analizar las pruebas practicadas y dar credibilidad o no a los testimonios con el objetivo de alcanzar un veredicto de culpabilidad o inocencia para los padres de la niña, Rosario Porto y Alfonso Basterra.
A pesar de los múltiples indicios, sobre todo en relación a Porto, los datos revelados en el juicio no suponen pruebas concluyentes sobre la autoría, dan lugar a dudas sobre el grado de participación de Alfonso en un supuesto “plan” para acabar con Asunta y no dan luz sobre el posible móvil del crimen.
En este panorama, los jurados deberán decidir a qué testimonios dan más credibilidad y si la narración de los padres es compatible o no con las pruebas presentadas acerca de lo que pasó en la tarde del 21 de septiembre de 2013 y que terminó con el cadáver de Asunta, drogada y asfixiada, en una pista forestal del lugar de Feros, en Montouto.
Entre las cuestiones centrales de la instrucción, y que pudo oír el jurado, están las contradicciones de Rosario Porto, que cambió la versión que dio a la Policía sobre lo que había hecho la tarde en la que desapareció Asunta.
Aunque al poner la denuncia de su desaparición aseguró que la niña se había quedado estudiando en su habitación –incluso especificó a los agentes de qué modo–, posteriormente recordó que Asunta había ido con ella a la casa de Teo y que, al llegar, quiso regresar, por lo que la dejó en la calle, en las inmediaciones de su casa. Este es uno de los comportamientos que los agentes que investigaron el caso consideraron “extraños”, dado que apuntaron a la madre de la víctima en repetidas ocasiones la importancia de recordar todos los detalles para dar con ella. Su defensa, no obstante, alude a la medicación que tomaba y al estado de “shock” para justificar sus “lagunas” este día.
Los agentes investigadores, el fiscal y la acusación popular creen que Porto cambió su versión inicial tras conocer que había imágenes de una cámara de seguridad –la de la gasolinera de A Galuresa– que la habían grabado en su coche con Asunta dirigiéndose a Montouto. Aunque Rosario dijo haber vuelto a Compostela desde Teo para dejar a Asunta y volver después, las cámaras de la gasolinera no volvieron a captar a la acusada de vuelta a Teo, a pesar de que ella dijo que había repetido ese recorrido.
Por su parte, Alfonso Basterra se aferró en su declaración a su única versión, que tras la comida familiar en su casa permaneció allí toda la tarde cocinando y leyendo. Un único testigo cuestiona la versión, una antigua compañera de Asunta que dice haberlo visto en compañía de la víctima esa tarde en la calle. La menor carga probatoria contra el padre provocó que en el trámite de conclusiones el fiscal cambiase su versión y admitiese que pudo ser Rosario Porto, sola, la que acudió a la vivienda de Teo, asfixió a Asunta y se deshizo del cadáver, aunque mantuvo que hubo un pacto previo con Basterra, que la sedó. La acusación popular, no obstante, se aferró a que el acusado estuvo también en Montouto y participó en todos los pasos del plan, aunque fue “más listo” que la madre.
Otro de los aspectos relevantes es el consumo continuado de dos benzodiacepinas –una de ellas lorazepam, el principio activo del Orfidal– que fue encontrado en el pelo de la niña los meses previos a su muerte. Asunta tenía en sangre el día de su asesinato, que se produjo por “sofocación”, 0,68 miligramos de lorazepam por mililitro de sangre, una dosis “altamente tóxica” que equivale a tomar más de 27 pastillas de este producto, consumidas durante la comida del día 21 de septiembre o después.

Comentarios