jueves 22/10/20
TEATRO REAL

Haneke cautiva con su trampantojo de la perversión en "Cosí fan tutte"

  Michael Haneke explora desde hace años en los mecanismos de la perversión y si en sus películas la mirada del "otro" es para él un enigma, esta noche, en el estreno mundial de su segunda ópera, "Cosí fan tutte", ha podido saber que su trampantojo sobre la moral ha dado certero en la diana del público del Real.

Fotografía facilitada por el Teatro Real del ensayo de la ópera "Così fan tutte", Wolfgang Amadeus Mozart. EFE
Fotografía facilitada por el Teatro Real del ensayo de la ópera "Così fan tutte", Wolfgang Amadeus Mozart. EFE

  Michael Haneke explora desde hace años en los mecanismos de la perversión y si en sus películas la mirada del "otro" es para él un enigma, esta noche, en el estreno mundial de su segunda ópera, "Cosí fan tutte", ha podido saber que su trampantojo sobre la moral ha dado certero en la diana del público del Real.

Su propuesta cínica y descarnada sobre la perversión y la capacidad corruptora y corruptible del ser humano, solo o en compañía de otros, ha sido aclamada, tanto como aplaudida la actuación del director, Sylvain Cambreling, y de los cantantes, especialmente la de la soprano alemana Anett Fritsch en el papel de Fiordiligi.

Pero Haneke no estaba para verlo porque, según él mismo explicaba en la "inhabitual hoja volandera" (sic) que se ha entregado esta noche a los espectadores del Real, ha preferido marcharse a Los Ángeles para asistir a la ceremonia en la que su última película, "Amour", es candidata a cinco premios Óscar.

"Espero contar con su comprensión por no poder estar presente en el estreno y recibir personalmente sus manifestaciones de aprobación o disgusto. Les deseo una velada excitante. Si les gusta, crucen los dedos por mí para los Óscar. ¡Si no les gusta, les ruego que lo hagan igual!", pedía en su escrito Haneke, que ha estado dos meses preparando en Madrid la que es su segunda incursión en la ópera.

En el ensayo general, Haneke (1942), muy concentrado y dando instrucciones a sus asistentes sobre asuntos tanto escénicos como musicales -es hijo de un director de orquesta-, acogió con una sonrisa cómplice los "bravos" que dedicaron a Fritsch en sus arias y con timidez la ovación cerrada que recibió al subir al escenario en el que esta noche le ha sustituido feliz su equipo.

Haneke ha casado en su versión del "dramma giocoso" de Mozart a la criada Despina, una experta en la carne y el demonio, y al descreído filósofo don Alfonso, veinte años mayor que ella en edad y depravación, y ha situado la acción en una mansión señorial con terraza sobre la bahía napolitana "intervenida" por un arquitecto de interiores "con inquietudes".

En ese espacio, la realidad parece tan a medio hacer como el enorme lienzo inacabado que domina la escena, en la que una chimenea decimonónica en un extremo y un moderno frigorífico-bar en el otro son las escapatorias de las tensiones de los personajes, que asisten, aunque así no lo diga el libreto, a esta historia de intercambio de parejas disfrazada del "ay, que me he equivocado".

Despina (Kerstin Avemo) y don Alfonso (William Shimell) reciben durante la obertura a sus invitados a una pretendida fiesta de máscaras, en la que ella viste un traje de "novia-pierrot" y él parece el mismísimo Mozart, mientras que Flordiligi, Dorabella (Paola Gardina), Ferrando (Juan Francisco Gatell) y Giuglielmo (Andreas Wolf) llevan ropa de fiesta contemporánea.

El resto de la cuarentena de invitados van de época, excepto cuatro mujeres y una decena de hombres, justo a los que Despina recibe con más frialdad, como si fueran los únicos que no conocieran o se resistieran al juego frívolo y despiadado de ella y don Alfonso, a los que Haneke presenta como las principales víctimas de su desprecio por la honestidad y la lealtad.

Desesperados, encaprichados y altivos, víctimas y verdugos de su debilidad moral o, más bien, de su falta de moral, el director les pone constantemente en la cuerda floja, cuestionando la cobertura "giocosa" que les da el libreto de Lorenzo Da Ponte e insinúa que Flordiligi y Dorabella están al cabo de la calle de la manipulación de Despina y don Alfonso desde el principio.

Cambreling ha debido ralentizar las transiciones porque Haneke quería darle valor a los recitativos, a las pausas dramáticas, y que estas hicieran preguntarse al espectador por lo que estaba ocurriendo en escena.

Es teatro dentro del teatro una y otra vez, aunque el austríaco no ha soltado prenda sobre el significado de su propuesta para que sea el espectador el que lea en esta ambigua cirugía del deseo, la inocencia y la ilusión amorosa, que pone de relieve la importancia del respeto, el perdón y el olvido.

"Cosi fan tutte", una ópera de conjuntos en la que, a la vez, todos tienen arias de lucimiento, es la última colaboración de Mozart con el libretista Lorenzo da Ponte, con el que hizo también "Don Giovanni" y "Las bodas de Fígaro", y que también será la última incursión de Haneke en la ópera, según él mismo ha asegurado.

Por Concha Barrigós.

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