martes 27/10/20

La discriminación indirecta de la mujer es la principal causa de la brecha salarial de género

La visión estereotipada del trabajo realizado por mujeres es la principal causa de la discriminación salarial, que casi nunca suele ser directa y que se encuentra en cuestiones más difíciles de detectar como complementos, horas extra o categorías diferentes para puestos de trabajo de igual valor.

Las mujeres tienen más complicado que los hombres en todo el mundo el acceso y la promoción en el mercado laboral | aec
Las mujeres tienen más complicado que los hombres en todo el mundo el acceso y la promoción en el mercado laboral | aec

La visión estereotipada del trabajo realizado por mujeres es la principal causa de la discriminación salarial, que casi nunca suele ser directa y que se encuentra en cuestiones más difíciles de detectar como complementos, horas extra o categorías diferentes para puestos de trabajo de igual valor.
Los expertos coinciden en señalar que se trata de un fenómeno global, ya que en mayor o menor medida las mujeres tienen más complicado que los hombres en todo el mundo el acceso y la promoción en el mercado laboral. En España la igualdad salarial es un principio constitucional garantizado por ley, cuyo incumplimiento es sancionable, a pesar de lo cual existe una brecha del 14,9% según Eurostat (que mide el salario por hora sin ajustar) y del 22,9% según el Instituto Nacional de Estadística (INE) (que mide el salario anual y tiene en cuenta factores como ocupación, jornada o contrato).
¿Dónde se abre la grieta que separa a hombres y mujeres teniendo en cuenta que es ilegal pagar diferente salario por igual trabajo? La respuesta hay que buscarla en aspectos menos obvios que tienen que ver con los condicionantes de género presentes en el mundo laboral. La web sobre igualdad salarial de la Comisión Europea explica que los trabajos que requieren esfuerzo físico y suelen realizar los hombres están mejor valorados que otros realizados mayoritariamente por mujeres y que se considera que reflejan “características femeninas”.
En este sentido, expone que cuando las mujeres se concentran en ocupaciones predominantemente femeninas, como la limpieza, tienden a ganar menos que los hombres que tienen capacidades equivalentes en ocupaciones predominantemente masculinas, como la recogida de basura. “No está superada la división sexual del trabajo”, dice la socióloga experta en género Ángeles Briñón, que se dedica a asesorar a empresas en materia de igualdad. “Las capacidades de las mujeres están minusvaloradas (...) Se sigue viendo su salario como secundario y se tiende a pensar que solo valen para determinados empleos”, añade Briñón, que asegura que es la discriminación estadística (el hecho de poder ser madre, más allá de la propia maternidad) lo que penaliza a la mujer en el mercado laboral.
De parecida opinión es el profesor titular de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad Complutense, José Ignacio Conde-Ruiz, quien asegura que los empresarios suelen prejuzgar a las candidatas femeninas porque en la sociedad son las mujeres las que asumen mayoritariamente las cargas familiares.
“Basta que ellos crean que va a ser así para que al final sea así”, afirma el también subdirector de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), que asegura que muchas veces son las propias mujeres las que se retiran de la competición por un puesto porque asumen que la valoración no va a ser justa.
A su juicio no es casualidad que se contraten a más mujeres en las orquestas desde que se generalizaron las audiciones ciegas, razón por la que se muestra partidario no solo de medidas como el curriculum ciego (en el que no consta el sexo del candidato) sino de imponer políticas graduales y temporales de cuotas en determinados puestos para acelerar la transición a un equilibrio más justo. “Con las cuotas se ayuda a romper estereotipos”, argumenta Conde-Ruiz.

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