
Bonifacia Galán tiene 90 años. Nacida en Múñez (Ávila), tiene ocho hermanos y actualmente vive en Madrid. Aunque todos sus hermanos fallecieron, menos otro mayor que ella, y en 2019 se quedó viuda, cuenta con dos hijas y tiene seis nietos. Precisamente, por el Día de los Abuelos, que se conmemora este miércoles 26 de julio, Galán insiste en que sus nietos “son lo mejor que le ha pasado en la vida”.
“Los nietos son la continuación de los hijos y de la vida. Son los caprichos, son todo. He tenido mucha suerte con los seis nietos que tengo. Son lo mejor que nos ha pasado en la vida y lo que más quiero en el mundo”, afirmó Galán. Sus nietos no se quedan atrás y coinciden en afirmar que es “la mejor abuela del mundo”.
Galán defiende que el papel de los abuelos con sus nietos consiste en “dar caprichos, pero también educación, al igual que con los hijos”. “Para nosotros lo más importante ha sido dar a nuestras hijas unos estudios y después ya todo lo demás. Sin embargo a los nietos se les da cariño, ilusión y caprichos de vez en cuando. Son la debilidad”, reconoció.
Esta mujer quiere transmitir también un mensaje a los jóvenes en general a quienes pide que “luchen y trabajen”. “Que no piensen que las cosas son demasiado fáciles, los abuelos lo hemos tenido muy difícil para llegar a donde estamos. Ahora hay más facilidades”, aseguró.
En este sentido, recordó que, en su infancia, tanto sus hermanos como su madre tenían que andar tres kilómetros “por un camino rural que lo mismo estaba lleno de piedras para aprender a leer y a escribir”. “Eso hoy en día parece que no ha existido, por eso digo que no todo ha sido fácil, que se esfuercen y trabajen para llegar lejos”, aconsejó.
Por otro lado, subrayó que aunque pasa “mucho tiempo” con su familia y nietos, entiende que “no siempre” pueden estar con ella. “También quiero que vivan su vida. Yo ya he vivido la mía. Mientras me sigan queriendo, me llamen y vengan a visitarme, yo feliz”, afirmó.
Para el portavoz de Fundación Grandes Amigos, José Ángel Palacios, “sin ninguna duda”, con los abuelos se ve “la vida de otra manera”. “No te centras solamente en tú aquí y ahora, que es a lo que nos conlleva la sociedad actual, sino en tener una visión a largo plazo de la vida, que es lo que te permite valorar las cosas realmente importantes”, argumentó.
Así, señaló que los abuelos “aportan sabiduría, experiencia y esa manera de ver la vida tan diversa y además nada rígida”. Además, indicó que los abuelos también enseñan “a mantener vivas las relaciones intergeneracionales”.
Conexión de generaciones
“Hoy en día con las redes sociales los jóvenes piensan en el presente únicamente y no en el largo plazo. Sin embargo, creo que los mayores de hoy tenían mucho más en cuenta la proyección de vida, por lo que eran mucho más conscientes de la importancia de cuidar esas relaciones intergeneracionales”, explicó.
No obstante, señaló que las relaciones familiares “han cambiado”. “Antes las familias o las personas mayores envejecían siempre en casa. Había un concepto de piña familiar muy fuerte, sobre todo en los países mediterráneos y latinos. Ahora hay un concepto de vida familiar más desarraigada, en la que cada uno sigue su camino. Ahí sigue habiendo un vínculo, pero no hay esa necesidad de llegar a ser mayor y estar arropado por esa piña familiar”, lamentó.
Por otro lado, Palacios indicó que es un “error clásico” que los abuelos se vean como “seres de pasado que tienen mucho que contar porque parece que ya lo han vivido todo”. En este sentido, animó a verlos como “sujetos o individuos o personas de presente y futuro que siguen teniendo sueños o inquietudes”. “Hay que dejar de verles como seres de servicio a los demás, aunque lo hagan de manera bondadosa y entrañable. Hay que empatizar con ellos y preguntarles cuales son sus sueños, preocupaciones o sus inquietudes para que las sigan cumpliendo”, matizó.
En este contexto, subrayó que “aunque una persona se jubile, sigue teniendo 20 o 30 años de vida de calidad”. “Estamos en una sociedad que define el valor de la persona en función de lo que es capaz de producir. Con lo cual, cuando las personas se jubilan se cree que ya no valen nada. Lo que la sociedad debería incentivar es una persona mayor que, aunque deje de producir o de trabajar, se siga sintiendo valiosa, valorada e importante”, aseguró.






















