Vienen tiempos difíciles

Esto dijo la vicepresidenta Nadia Calviño. Reconoce que la invasión de Ucrania “puede suponer una ralentización de la recuperación”, pero matizó que el PIB y el empleo seguirán creciendo, a pesar de que “la guerra va repercutir sobre la actividad económica”.


No alcanzo a entender tanto optimismo. España aún no recuperó lo perdido con el Covid y ya antes de la guerra, la luz y los combustibles habían alcanzado precios desorbitados, la inflación estaba desbocada y algunas de las magnitudes de la economía -deuda, déficit o el paro- eran las peores de los países europeos. Y ahora la guerra -la pandemia de 2022- amenaza con derrumbar todo el entramado económico.


Por poner unos ejemplos, el coste de la electricidad y de los combustibles -con la falta de complementos- paralizan industrias en todos los sectores; parte de la flota pesquera está amarrada; el transporte en pérdidas y huelga; las granjas abocadas al cierre por la escalada de precios de la energía, de los piensos y forrajes. Un panorama desolador que llega al ámbito doméstico. Da miedo ir a la compra, encender la calefacción o sacar el coche del garaje.


A “grandes males grandes remedios”. Uno de esos remedios es la propuesta del presidente de la Xunta en la reunión de presidentes de La Palma de “rebajar impuestos para contener la subida de los precios de la energía”. Además de ser aceptada por unanimidad, “obligó” al presidente Sánchez a renunciar a su hoja de ruta fiscal para aceptar también rebajar impuestos que “alivien a los sectores más afectados”, que somos todos los españoles.


Otro acuerdo fue el compromiso de los presidentes, junto a Sánchez, de mantenerse unidos e impulsar la ejecución de los fondos europeos, más importantes en este escenario para que España “siga creciendo y creando empleo”.


Son buenas medidas, pero desconfíen, porque la palabra del presidente Sánchez tiene poco valor. Él practica la “ética de situación” que acuñó el gran Manquiña cuando sentenció “como te digo una cosa, te digo la otra”. El lunes anunció que retrasa la bajada de impuestos al día 29 rompiendo la unidad que reclama a las autonomías y faltando al respeto a los presidentes.


Dicho esto, sorprende que el Gobierno no acometa otras medidas necesarias. Como informar a los españoles sobre los sacrificios que impondrá esta crisis, aplicar políticas de ajuste y un plan de contención del gasto público, desmadrado e insostenible.


A ver si lo acordado en La Palma no se queda en una declaración de intenciones. Con esta guerra, de evolución imprevisible, vienen tiempos duros y la gente espera que los gobernantes tomen decisiones que acaben, al menos alivien, la incertidumbre que asola a las familias, a las empresas y a toda la sociedad.

Vienen tiempos difíciles

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