El pacto con Vox

Decía Voltaire que la mayor habilidad del Diablo consiste en hacernos creer que no existe. En relación con el resultado de las elecciones celebradas en Castilla y León estamos asistiendo a un fenómeno curioso: las ganó el PP y las perdió el PSOE.


Pero escuchando lo que dicen los dirigentes socialistas y lo que repiten sus terminales mediáticas quien ha perdido es Fernández Mañueco. Este mundo es “ansí” que diría Pío Baroja. Lo más llamativo de este fenómeno que pretende convencer al personal de que lo que tiene ante sus ojos no es lo que parece es qué algunos dirigentes del PP han interiorizado el mensaje. Un mensaje diseñado, precisamente, para conseguir instalar una suerte de duda metafísica en el ánimo de los dirigentes populares. Las voces que ahora alertan de que “con Vox, no” son las mismas que escuchamos hace tres años diciéndole a Pedro Sánchez que “con Ciudadanos, no”. Con Rivera, no, pero con Podemos, sí. Y así nos va.


El PSOE, que era la primera fuerza política en Castilla y León, ha perdido las elecciones pero quiere ganar el día después aprovechando las dudas de Pablo Casado. Pactar con Vox -que es el dictado que surge de las urnas- en términos políticos tiene sus riesgos. Sin duda. Pero descartada la abstención del PSOE, que no se espera aunque permitiría gobernar a Mañueco en solitario, solo quedaría repetir las elecciones. Quizá fuera la última posibilidad, aunque abriría la puerta a nuevas incertidumbres.


Estamos donde estamos. Mañueco, con su maniobra preventiva al convocar las elecciones, se ha creado un problema más peliagudo que el que tenía con Ciudadanos porque a cambio de su apoyo Vox exige tocar poder.


Pero la política oficial del PP -establecida por Pablo Casado en ocasión de la moción de censura que planteó Santiago Abascal a Pedro Sánchez, dejó claro que a Vox, ni agua. Pero las urnas –los electores– han hablado y han dicho lo que han dicho. Ni lo que quería Sánchez ni lo que esperaba Casado, que se empleó a fondo como si fuera la primera vuelta de las generales en la esperanza de lograr un resultado como el de Ayuso en Madrid.


Ninguno de los dos acertó pero algunos han salido más trasquilados que otros aunque intenten disimularlo recurriendo a la propaganda. Esa es la habilidad de Sánchez. Pero son Casado y Mañueco quienes tienen que decidir sí pactan o no con Vox. Asumiendo que en política todo tiene sus riesgos.

El pacto con Vox

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