Que no nos roben la Navidad

|

Estos últimos días abundan los balances sobre el año que está a punto de abandonarnos. Quizá una de las noticias más destacadas es que el maldito Covid continúa habitando entre nosotros. Los periódicos están repletos de balances y de discursos de los políticos y también, el del Rey. Sí, había expectación por escuchar al Rey y cierto es que hizo un repaso sobre los problemas que tenemos como sociedad pero, a lo que parece, los ‘savonarolas’ no han quedado satisfechos porque esperaban más. Y ese ‘más’ a lo que dicen no es otra cosa que don Felipe hubiera levantado un dedo acusador al tiempo que su voz contra su padre. El no decir el nombre de su padre le ha supuesto al Rey una lluvia de críticas por quienes esperaban que el hijo hiciera sangre con la figura del padre.


A mi entender Felipe ha venido dejando claro que la Monarquía debe ser una institución útil y, por tanto, el comportamiento de sus miembros debe de ser ejemplar. Pero hay quienes no lo consideran suficiente. Confieso que yo prefiero no asistir a un espectáculo así. Entre otras cosas porque de don Juan Carlos ya se ha dicho casi todo lo que se podía decir y no solo eso, además ha sido castigado a abandonar su país. Ciertamente el suyo es un exilio dorado, pero exilió al fin y al cabo y lo peor, sobre todo, ha debido de ser para él pasar de recibir halagos sin fin a ser insultado y puesta en cuestión toda su biografía como monarca incluidos sus aciertos, que fueron unos cuantos. Digo esto sin negar lo evidente, que si bien don Juan Carlos fue un motor imprescindible de la Transición y contribuyó decisivamente a la modernidad de España, durante los últimos años en su comportamiento personal actuó como los monarcas del pasado, haciendo de su capa un sayo y colocando sus apetencias caprichosas incluso por encima de su deber de responsabilidad para con la Corona.


Pero vuelvo a Felipe de Borbón que, en mi opinión, está teniendo un comportamiento ejemplar en una situación harto difícil, porque los enemigos de la Transición que son muchos y algunos se han sentado y se sientan en el Consejo de Ministros, han elegido la Monarquía como el primer escollo a batir en el camino de dar por superada la Constitución. Quienes abogan por un cambio de régimen intentan que los errores del emérito, sirvan para empezar a desmontar todo lo que se logró en la Transición y por tanto el entramado constitucional. En mi opinión, habría sido un espectáculo chirriante que el Rey hubiera hablado mal de su padre. Don Felipe dijo lo que tenía que decir sin necesidad de caer en la bajeza de humillar públicamente a su padre. A veces me pregunto como puede haber espectáculos en los que corra la sangre y la respuesta, claro está, es evidente: porque hay espectadores.

Que no nos roben la Navidad