La ‘madre de todas las batallas’ (sí, también aquí)

Por favor, no sigan hablándome de normalidad porque los hoteles hayan estado llenos y las carreteras a rebosar cueste lo que cueste el litro de gasolina. Tampoco me llamen agorero si les digo que los millones de automovilistas que regresaban este fin de semana al hogar sentían renacer el fantasma de la inquietud ante lo que les, nos, espera a la llegada. Los tambores de guerra resuenan en el frente ucraniano con el matonismo chulesco de Putin y, sin ánimo de comparar sufrimientos, desde luego, Europa entera advierte de que vienen días de sangre, sudor y lágrimas también para los acomodados súbditos de la UE. Y aquí, más.


Desde la Comisión Europea nos avisan de posibles restricciones energéticas, de un brutal frenazo en las expectativas de crecimiento del PIB y de una inflación que difícilmente podrá recortarse a niveles confortables. En el aire se huele, junto a los jazmines, ese aroma inquietante que nos avisa de que muchas cosas, ay, pueden a pasar, y pocas de ellas buenas. Y no serán las más destacables ni la fecha y lo que ocurra en las elecciones andaluzas, ni el resultado muy previsible de ‘la final’ en las elecciones francesas, ni siquiera lo que pueda salir de una nueva ‘cumbre’ entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, que, tal y como están las cosas en Unidas Podemos y Vox, podría marcar una nueva era en las relaciones entre los partidos ‘del bipartidismo’.


No: aquí, la madre de todas las batallas en la Europa Occidental --es decir, de la que está más acá de las fronteras ucranianas-- se llama, ni más ni menos, cambio de paradigma. Todas las fuentes europeas en Bruselas te avisan de que es preciso mentalizar a la ciudadanía en el sentido de que, si la guerra en Ucrania llega a cumplir tres meses, y ya lleva casi dos, habrá que adaptarse a medidas muy duras que pondrán en solfa nuestro actual modo de vida, incluyendo un incremento astronómico en el gasto de armamento (se hablará no poco de esto en la ‘cumbre’ de la OTAN en Madrid), la mentada restricción energética y un recorte severo en el gasto público de las naciones que son miembros de la UE. Eso, suponiendo, claro, que el club de los ricos europeos decida seguir apoyando decididamente la ‘opción Zelenski’, es decir, la resistencia a ultranza frente a las garras del oso ruso.


Creo que el optimista incurable que es Pedro Sánchez sabe perfectamente todo esto, faltaría más. Pero aseguran que su decisión, por el momento, sigue siendo agotar la Legislatura, entre otras razones porque no sería presentable hacer ahora una llamada a las urnas y porque a lo mejor esa llamada podría derivar en un fiasco frente al ‘efecto Feijóo’, que seguramente en La Moncloa piensan que durará lo que el ‘efecto Yolanda Díaz’ o, en su día, el ‘efecto Casado’: unos meses antes del implacable desgaste. Pero efecto haberlo haylo, según las encuestas, para lo que valgan.


Sí, detecto meditación en los ‘estados mayores’ de los partidos, que, decía este domingo la portada de un influyente diario digital de izquierda, “afrontan un final de Legislatura marcado por una crisis económica de futuro incierto”. De acuerdo en todo menos en lo de ‘final de Legislatura’. Falta mucho de aquí a comienzos de 2024. O eso creo, al menos, que piensan Pedro Sánchez y el sanedrín que trata de aconsejarle. Sin mucho éxito, me dicen.

La ‘madre de todas las batallas’ (sí, también aquí)

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