Larga vida a la prensa libre

En Rusia los medios de comunicación están “dirigidos” por el Gobierno y las palabras guerra o invasión no pueden pronunciarse, son sustituidas por eufemismos como “operación especial”. En paralelo, el Kremlin manipula y engaña a través de las redes que manejan expertos en las mentiras que “hicieron prácticas” en la elección de Trump, en el referéndum del Brexit o en las revueltas de Cataluña.


Presiento que millones de ciudadanos rusos creen esas mentiras oficiales porque no tienen acceso a otras fuentes de información. Pero también pienso que otro porcentaje muy alto de la población no cree esos relatos y se avergüenza de su Gobierno, que está sembrando el dolor, la destrucción y la muerte en Ucrania.


A este grupo pertenece Marina Ovsianikova, la periodista que en marzo irrumpió en el informativo de mayor audiencia del canal de la televisión estatal enseñando un cartel con la leyenda “No a la guerra. No creáis la propaganda, os están mintiendo”.


Marina representa un oasis de libertad en el reino de la mentira que practica el gobierno ruso. La exhibición pública de esta leyenda que buscaba despertar a sus compatriotas del engaño oficial fue una muestra de coraje y el mejor manifiesto contra la manipulación informativa. Su valentía es un ejemplo para el mundo y personifica la lucha por la libertad de prensa, que mañana tiene su día. Ojalá no lo pague con su vida.

Pero la mentira no es exclusiva de los regímenes dictatoriales, también se practica en las democracias consolidadas. Guy Durandin escribió en 1983 (La mentira en la propaganda política y en la publicidad, Paidós) que la propaganda política está en manos de profesionales que vuelcan toda su competencia en las mentiras o medias verdades al servicio de quienes les contratan.


En España una mentira sonada fue la de Aznar cuando dijo que Irak tenía armas de destrucción masiva y ahora, con otro gobierno, los españoles saben que el presidente Pedro Sánchez tiene una mala relación con la verdad y miente sin ruborizarse. No solo él, en enero el ex vicepresidente Iglesias dijo en un mitin “yo ya no soy político, puedo decir la verdad”, frase que evidencia que la verdad marida mal con el mundo de la política.


Por eso, larga vida a la prensa libre por la que lucha Marina Ovsianikova. La necesita una democracia que, para ser sana, ha de combatir las mentiras y manipulación de políticos y gobiernos.


También hay que estar prevenidos con algunos medios para los que la verdad dejó de ser importante por estar entregados al poder. Circula por la red la frase “antes de creer lo que pone la prensa entérate de quien paga la tinta”. Es un buen consejo.

Larga vida a la prensa libre

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