Los inspectores alemanes
Se acuerdan de la crisis de los pepinos? Fue en mayo del 2011 cuando la responsable de Salud de Hamburgo acusó a los pepinos españoles de causar el brote de Escherichia coli que mató a 53 ciudadanos e intoxicó a unos 3.800. Días después se descubrió que la bacteria se encontraba la soja de una granja de la Baja Sajonia. Pero el mal estaba hecho.
¿Se acuerdan del piloto Andreas Lubittz? En mayo de 2015 estrelló un avión contra los Alpes franceses y mató a 150 personas. El piloto padecía depresión y la empresa fue poco diligente en el control de su salud mental.
¿Se acuerdan del fraude de Volkswagen? Se supo en setiembre de 2015 que esta empresa trucó 11 millones de coches para engañar a las agencias medioambientales sobre las emisiones de sus vehículos. Fue uno de los mayores fraudes en la industria de la automoción.
¿Sabían que Alemania recuperó parte de su minería de carbón que queman a destajo para mantener las fábricas para compensar los efectos de la dependencia energética de Rusia?
Conclusión de todo esto: Alemania no es perfecta. Allí también falsifican coches, se retrasan los trenes, salen de las fábricas electrodomésticos defectuosos, hay contratos basura, listas de espera… Años atrás hicieron trampas sonadas empresas como Siemens, MAN, Commerzbank, Deutsche Bank y otras en connivencia de empresarios y políticos.
Con estos precedente, 9 parlamentarios del Bundestag aterrizaron en España para “inspeccionar” si los agricultores de Huelva cultivaban las fresas de acuerdo con “los exquisitos estándares ecológicos de la rigurosa Alemania” o estaban acabando con las reservas de agua de Doñana.
Es comprensible que parlamentarios alemanes quieran venir a comer, beber y disfrutar de las bondades de nuestro país. Lo insólito e increíble es que el Gobierno español, con el presidente y la ministra de Transición Ecológica a la cabeza -vean sus tuits en la red- apoyaran la campaña lanzada desde Alemania de boicot a la fresa de Huelva, que es de mejor calidad y más barata que la que ellos producen allí.
Fue bochornoso el silencio del Ministro de Agricultura y fueron indignas las palabras de la ministra Calviño que culpó al PP del boicot alemán a la fresa onubense y tachó a la Junta de Andalucía de actuaciones irresponsables “que dañan el interés de nuestros agricultores”. Como defienda así la economía española estamos perdidos.
La embajada alemana en Madrid, con buen criterio, acabó con este episodio obligando a los parlamentarios del Bundestag a regresar “con el rabo entre las piernas”. El presidente español y los ministros deberían aconsejarles que inspeccionen en su país que, decía un agricultor onubense bien informado, “emite cuatro veces más CO2 que España”.
