El huevo y el pollito

Los que somos mayores y fuimos de izquierdas, y hasta podemos seguir siéndolo pero de estas descarriadas no, aprendimos algunas nociones de marxismo, o sea que hasta leíamos a Carlos Marx y filósofos y pensadores posteriores de aquel final del siglo XX.


Una de las cosas que me interesó mucho y en la que me he ido fijando y aplicando luego en la vida real, era la expliación de los cambios que tenían lugar en la sociedad. Que iban larvándose bajo la superficie sin que pareciera que pasaba nada y de golpe un día hacían eclosión, para sorpresa de quienes no lo habían visto venir e incluso habían despreciado tal posibilidad. De cuantitativo a cualitativo, decían en la jerga doctrinaria. El ejemplo que mejor me ayudó a comprender la cuestión fue la metáfora del huevo incubándose y el pollito que sale del cascarón. Un huevo en proceso de incubación, visto por fuera sigue pareciendo exactamente igual a la vista y así puede pasarse tres semanas, en el caso de las gallinas, o el tiempo que quieran en procesos de otro jaez, hasta que de pronto ¡zas! el pollito rompe el cascarón y ya no hay huevo sino una avecilla que echa a andar o se pone a piar. De cuantitativo se ha pasado a cualitativo. ¡Y ya no hay marcha atrás nque pueda valer!


Pues esto, aplicándose a muchas cosas de las que suceden a nuestro alrededor es una constante y algo que algunos se niegan a ver por qué se quedan en la cáscara que oculta lo que está sucediendo en su interior. Durante mucho tiempo y se haga lo que se quiera y se perpetre una atrocidad tras otra, nada parece afectar ni cambiar en la opinión general. Todo permanece incólume, estable, asentado y firme. No se menea nada, no parece que nada le vaya a afectar y quienes en eso están se sienten impunes, dotados de bula y ungidos para siempre jamás.


Hasta que un día, en un instante, en un repentón, suena un click, un chasquido aunque sea pequeño, se abre la grieta y luego por ella de desborda todo. La percepción cambia de golpe y porrazo y parece que de la noche a la mañana lo que antes se pasaba y aguantaba se deja de soportar y al que antes todo se le permitía ya no se le pasa ni una. Es más, que ya haga lo que haga ha pasado de tener baraka, de no tomarle en cuenta ni siquiera las peores barbaridades a condenarle hasta por lo que hace bien. El clik le ha apagado la estrella y todo se le vuelve pincho, filo, negro y quemazón. Está, y sin remedio, socarrado. Ya puede hacer lo que quiera. Su suerte ya está echada y cuanto más la retrase peor. Puede aferrarse a lo que quiera, puede intentar cambiar y rectificar y hasta incluso puede hasta acertar pero es como si ya la sentencia estuviera firmada y no hubiera posibilidad de vuelta atrás.


Algo de esto, un pálpito de que una cosa así está empezando a romper en la sociedad española, es lo que llevo un cierto tiempo barruntando. Pues es barrunto, yo ya no estoy en los arcanos ni en los secretos de cúpulas y alturas, pero a lo mejor ese olfatear instintivo y un poco animal y esas clases de marxismo en mi juventud no van tan desencaminadas.


Porque uno diría que el pollito ha emergido del huevo y es más, aunque ahora es chiquitillo y parece como que no quiere asustar a nadie, tiene mucha pinta de ir para gallo del corral.

El huevo y el pollito

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