La fiesta de los periodistas parlamentarios

Llevábamos dos años sin celebrar la fiesta de Navidad de los periodistas parlamentarios. Tendrá lugar este martes, 7 de junio, como una muestra más de que la anormalidad, esa pandemia que impidió celebrar la cena que une y separa a periodistas y parlamentarios, persiste: no será un acto navideño, sino una fiesta de la primavera, a la que aún no tengo confirmada la lista final de ‘vips’ políticos que asistirán, pero que serán muchos. Es, al fin y al cabo, la única ocasión en la que los informadores y los parlamentarios pueden encontrarse al margen de desplantes en los pasillos o de encuentros no tan secretos en el bar frente a la Cámara Baja. Y la cosa tendrá este año una trascendencia especial: cada semana, y esta que entra no va a ser una excepción, representa una tormenta en el Congreso. Y esta vez, también en el Senado, que inaugura su gran temporada de debates; la que puede darle, al fin, un sentido a la sesteante Cámara Alta.


Todavía se ignora qué parlamentarios recibirán los premios de los periodistas en el transcurso de la cena: mejor orador, azote del Gobierno, azote de la oposición, parlamentario revelación, etcétera. Parece increíble, en todo caso, el interés que muestran los políticos por recibir algún premio ‘bueno’, y más ahora que están todos en campaña ante las elecciones andaluzas, que obviamente son mucho más que unas autonómicas. Este año, la cena tendrá lugar apenas unas horas después de que Pedro Sánchez haya tenido su primera confrontación parlamentaria, cara a cara, con Alberto Núñez Feijóo. Será, si nada lo impide, en el Senado (Feijóo no es diputado y ha accedido a la Cámara Alta porque otro senador del PP le ha dejado el sitio). La cosa, ya digo, tiene su interés en estos momentos y seguramente se prolongará en los chismorreos de la cena de marras, si, como se cree, el presidente de los ‘populares’ aparece por allí.


¿Irá Pedro Sánchez? Mis fuentes no son capaces de asegurarlo. Personalmente, pienso que el presidente no es muy aficionado a estos saraos donde los periodistas, desde el escenario, pueden hacer bromas que resulten molestas a su no muy desarrollado sentido del humor. Al día siguiente, el miércoles, Sánchez tiene otra de sus difíciles comparecencias en el Congreso, teóricamente para explicar la última ‘cumbre’ europea, pero también habrá de abordar, porque el grupo popular lo ha solicitado, el espinoso tema de las relaciones con Marruecos: ese cambio de postura sobre el Sahara y el consiguiente empeoramiento de las relaciones con Argelia.


Como suele ocurrir, Sánchez, que lo cierto es que está teniendo más comparecencias parlamentarias que sus antecesores, se zafará probablemente de respuestas concretas y comprometedoras sobre un asunto, el de la complacencia a Marruecos, que centra una parte sustancial de la política exterior española. Incluyendo las sospechas, jamás oficializadas desde el Ejecutivo, claro, que recaen sobre Rabat en el sentido de haber propiciado el espionaje telefónico de Sánchez, de la ministra de Defensa, Margarita Robles, y del titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska.


Si la oposición, encabezada por la portavoz del grupo Popular, Cuca Gamarra, se pone brava, puede que esta comparecencia resulte bastante desagradable para Sánchez. Así que no creo que la víspera esté para muchas bromas y para ninguna cena, y ojalá me equivoque, porque creo que estos raros momentos de acercamiento y distensión son buenos no solamente para los periodistas, sino también para una marcha menos traumática de la testicular vida política española.

La fiesta de los periodistas parlamentarios

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