La España fraccionada

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El nacimiento de diferentes candidaturas provinciales que, en nombre de la “España vaciada”, se presentan a las elecciones en Castilla y León, denota la incapacidad del sistema autonómico para resolver los problemas de sus conciudadanos desde la cercanía geográfica.


O también podría pensarse que los partidos políticos con sede en Madrid y cuya fuerza depende, precisamente, del poder regional, orientan sus estrategias electorales en el fin último de llegar a Moncloa y los presidentes autonómicos no son sino el refuerzo necesario para alcanzar ese poder.


La dispersión del voto en diferentes candidaturas y lo efímero de su vida pública (véase el negro futuro electoral que las encuestas predicen para Ciudadanos) es un fenómeno reciente en un país que, desde la Transición, ha vivido instalado en el bipartidismo y la alternancia en el Gobierno.


Precisamente, Alfonso Fernández Mañueco adelantó la convocatoria electoral para frenar candidaturas de Soria, Palencia o Zamora, y parece que la jugada le ha salido bien por las dificultades que están encontrando en formar sus listas.


Aún así será, si consiguen escaños en las Cortes de Valladolid, el punto de partida para el salto a las elecciones generales, último objetivo después de ver el rendimiento obtenido por “Teruel Existe” con un solo diputado en la Carrera de San Jerónimo.


El voto afirmativo de su único escaño permitió a Sánchez seguir en la Moncloa y eso ha reportado beneficios indudables a Teruel, al margen de la visibilidad política. Antes de la votación su representante hubo de encerrarse en un hotel, con protección policial para evitar las presiones de otros grupos.


Nos podemos encontrar así que, en la próxima legislatura, el hemiciclo tenga tantos colores y siglas como provincias el Estado. ¿Es eso bueno para los ciudadanos? Pues, teniendo en cuenta las ventajas económicas obtenidas por los nacionalistas catalanes y vascos, no parece que la atomización sea un buen sistema en cuanto al reparto de fondos y la solidaridad.


Pero la pregunta sigue siendo la misma: con una España tan descentralizada, y la gestión del COVID es buena prueba de ello, ¿que está fallando en las Autonomías para que las capitales de provincia no se sientan ni representadas en sus intereses ni defendidas en sus reclamaciones?


Y mientras esto sucede en la ciudad de Guadalajara, por poner un ejemplo, donde sus calles son un catálogo de comercios, bares, e incluso farmacias cerrados, los edificios más lujosos e importantes son: la sede de la Junta de Castilla y Leon, la Diputación Provincial y la Delegación de Hacienda. Los que pasean por esas calles que languidecen deben preguntarse para que sirve esa sobredimensionada administración, que no resuelve sus problemas.

La España fraccionada