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El uno por ciento

 
Si se tiene en cuenta que el 1% de los más ricos posee en torno al 35% de la riqueza del país y tanta renta como el 70% de los españoles, no parece descabellado que el Gobierno estudie mantener a ese 1% el  impuesto sobre el Patrimonio del que en varias comunidades gobernadas por el PP le han eximido. Para ello, según parece, se aplicará la correspondiente norma en todo el territorio, deduciendoel nuevo impuesto en aquellos en los que el de Patrimonio permanece activo. Descabellado no parece, ni lo es.


Si se tiene en cuenta que enEspaña (según afirman muy documentadamente el prestigioso profesor Carlos Arenas y Oxfam Intermón, la entidad que lucha contra la desigualdad y la pobreza), la economía ha estado al servicio de ese 1% de los más ricos y que se ha gobernado en su beneficio en las últimas cuatro décadas, a nadie, salvo a ese 1% y a sus afectos, le puede parecer horrible que contribuya al común roporcionalmente algo más que aquellos que, aun deslomándose a trabajar como asalariados o autónomos, no llegan a fin de mes, y no digamos en las actuales circunstancias.

 

Si se tiene en cuenta que la solidaridad es uno de los pilares sobre los que se asienta no ya una sociedad democrática, sino una medianamente civilizada, ha de sorprender, y de ofuscar sobremanera, que los que más tienen pongan el grito en el cielo porque esa futesa del impuesto sobre el Patrimonio que les había hecho tan felices no pagar, tengan que volver a pagarlo con la ley general que prepara el Gobierno. El egoísmo y la codicia han de tener un límite, y hasta en el supercapitalista Estados Unidos hubo un grupo numeroso de millonarios que expresó su deseo, no hace mucho, de pagar más impuestos, pues les parecía, y así era en efecto, que pagaban muy poco. El mimo con el que se ha tratado fiscalmente en España a ese 1% se explica, como nadie ignora, con el teorema de las puertas giratorias. Poder político y megapoder económico han ido, como los novios antiguos, del brazo, y el resultado no ha sido otro que el de la transferencia constante y progresiva de la riqueza del país a unas pocas manos, cada vez más largas por cierto.

 

Si se tiene en cuenta todo eso, y más cosas cuya relación no cabe en un artículo, huelga el debate sobre si los muy ricos tienen que apoquinar o no más que los pobres, que lo son por ser los ricos demasiado y cada vez más ricos precisamente

El uno por ciento

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