sábado 24/10/20

Estados Unidos cancela el permiso migratorio de unos 260.000 salvadoreños residentes en el país

La cancelación del estatus de protección temporal (TPS) a aquellos inmigrantes procedentes de El Salvador amenaza la esperanza de los salvadoreños de lograr un estatus legal permanente en Estados Unidos y una vía a la ciudadanía.

Activistas pro inmigración se manifiestan ante la Casa Blanca | lenin nolly (efe)
Activistas pro inmigración se manifiestan ante la Casa Blanca | lenin nolly (efe)

La cancelación del estatus de protección temporal (TPS) a aquellos inmigrantes procedentes de El Salvador amenaza la esperanza de los salvadoreños de lograr un estatus legal permanente en Estados Unidos y una vía a la ciudadanía.
Aunque el permiso no abría ninguna vía hacia ese fin, la decisión ejecutada ayer por el Gobierno del presidente Donald Trump pone contra las cuerdas cualquier esperanza que perdurara entre los migrantes de lograr una solución permanente a su situación, por la que se han visto forzados a ir renovando la concesión. “Nos hemos quedado sin palabras y nadie dice qué pasará”, dice desconcertada Berta Soledades, beneficiaria de TPS a las puertas de la Casa Blanca, donde ayer acudió junto a decenas de inmigrantes a rechazar la cancelación de la medida, aunque aún no ha asimilado la decisión oficial.
En 1997, las condiciones sociales de El Salvador la empujaron a abandonar su país, al que ya no quiere regresar tras haber construido una vida en Estados Unidos, donde ha tenido dos hijas y ha contribuido con el pago de impuestos. “No estamos aquí de gratis”, reivindica Soledades, que minutos antes de ser entrevistada por los medios había rechazado ubicarse frente a una cámara a causa de la ansiedad y de la incertidumbre que le provoca la cancelación del permiso.

Dos décadas en marcha
Afectada junto a otros 260.000 salvadoreños más, ella considera que tienen derecho a una “residencia permanente” y comenta que no cejarán en su empeño y continuarán luchando por conseguirlo. Tras más de dos décadas en el país, ella continúa beneficiándose del estatus que le permitió cimentar su devenir, pero lo que le preocupa no es su situación, sino la de su hija de 8 años, nacida en territorio estadounidense, en caso de que su madre fuera deportada.
Los salvadoreños “tepesianos”, término por el que se conoce a los beneficiarios de este programa, afrontarán ahora un período de 18 meses después de marzo para “preparar” su salida de Estados Unidos o arriesgarse a continuar en el territorio nacional y ser deportados. La coyuntura que afronta Lindolfo Carvallo, de la asociación CASA, es muy diferente pese a que su origen y el de Berta Soledades son similares. Él, ciudadano estadounidense, llegó al país en 1990 desplazado por la guerra civil en El Salvador y se acogió al TPS hasta 1997. Desde su llegada, Carvallo aportó trabajo y esfuerzo para contribuir a la sociedad norteamericana y hoy busca apoyar a aquellos inmigrantes que tienen necesidades parecidas a las que el vivió en el momento de entrada al país, según narra.
El programa TPS se creó bajo la Presidencia del republicano George H.W. Bush (legislatura de 1989 a 1993), cuando el Congreso estadounidense estableció un procedimiento que permite al Gobierno otorgar un permiso temporal de residencia y trabajo a los nacionales de países afectados por conflictos bélicos, epidemias o desastres naturales.

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