viernes 15/1/21
ALEMANIA REFUGIADOS

Alemania es, pese a todo, mejor que volver a casa para miles de refugiados

Miles de refugiados llaman a diario a las puertas de Alemania porque, pese a las precarias condiciones de acogida, los ataques xenófobos y las escasas opciones de obtener un permiso de residencia, se saben allí mejor que en sus países.

Miembros de los servicios de seguridad caminan por un campamento provisional para refugiados en Dresde, Alemania, el pasado 3 de agosto. EFE/Archivo
Miembros de los servicios de seguridad caminan por un campamento provisional para refugiados en Dresde, Alemania, el pasado 3 de agosto. EFE/Archivo

Miles de refugiados llaman a diario a las puertas de Alemania porque, pese a las precarias condiciones de acogida, los ataques xenófobos y las escasas opciones de obtener un permiso de residencia, se saben allí mejor que en sus países.

Jliijana Ispahi, treintañera, kosovar y embarazada de su segundo hijo, habla de forma clara y reposada, aprovecha cada pausa para sonreír, y aliña con la palabra "suerte" su relato de desamparo y pobreza, abusos y desesperación.

"Tuve que venir a Alemania porque no tenía para comer. Ni para mí, ni para mi marido ni para mi hijo. Y hay otra razón más importante, a mi marido le forzaban desde el Estado Islámico (EI) para ir a Siria a la guerra. Por eso nos teníamos que ir", relata en inglés a Efe esta profesora de música.

El 10 de febrero de este año, tras pagar a una mafia, la joven familia abandonó su hogar rumbo a la presunta tierra prometida: "En nuestro país todos cuentan que se van a venir a Alemania".

El viaje duró una semana de caminatas extenuantes y miedo, como cuando que tuvieron que vadear un río con el agua al pecho una gélida noche de invierno, a oscuras y en silencio, angustiados ante la posibilidad de ser descubiertos.

Al llegar a Berlín recalaron en el Centro de Primera Acogida de Gatow, un antiguo hogar de la tercera edad de las afueras. Allí siguen, siete meses después, sin que se haya resuelto aún su petición de asilo.

"La situación no es muy buena porque sólo tenemos nuestra habitación. No tenemos un baño propio y tengo un niño pequeño y estoy embarazada. Pero por lo menos no tenemos que huir", dice.

Ispahi y su familia comparten las instalaciones del refugio con 550 personas -la mitad niños- de treinta países: una mezcolanza de idiomas, culturas y religiones que convive sin grandes problemas pese a la precariedad, la incertidumbre y la constante improvisación.

"Somos una Institución de Primera Acogida y estamos preparados 24 horas al día para recibir refugiados. Al día acogemos a unos 50", explica a Efe el responsable del centro, Piotr Skrzedziejewski, aunque reconoce que un día llegaron al centro 140.

Al mes, la institución atiende con fondos públicos a unas 1.200 personas, entre los que apenas pasan unas horas hasta que son derivados a un albergue temporal y los que se quedan varios meses a la espera de papeles.

"Cada día es una improvisación, no podemos planear nada", afirma Skrzedziejewski tras explicar que las familias siempre reciben una habitación y que quienes llegan solos son agrupados por nacionalidad o idioma.

El centro ofrece clases de alemán y una guardería, y conecta a los peticionarios de asilo con asesores legales y, también, con psicólogos.

"Es un grave problema y lo sabemos. Muchos refugiados están traumatizados. Si han huido de una guerra, como por ejemplo la de Siria, y llevan un mes de viaje y a lo mejor han atravesado el Mediterráneo en una barca, claro que están traumatizados", explica.

A esto hay que añadir las relaciones con los vecinos de la zona, que no siempre son fáciles, según reconoce el responsable del centro al referirse a la erupción de ataques violentos contra algunos albergues en Alemania.

"Sería idealista pensar que en algún lugar hay un centro de refugiados donde no hay roces con los vecinos. Claro que hay. Somos un pequeño pueblo, con 550 habitantes, que desde hace dos años está en medio de un vecindario", indica.

Sin embargo, prefiere destacar los "muchísimos ejemplos positivos" que ha vivido: "Tenemos vecinos que desde hace dos años dan a nuestros acogidos clases de alemán. A diario vienen a donar ropa o juguetes".

Abierto hace dos años, este centro está "al completo desde el primer día" y la situación en la capital alemana no es mejor: los seis centros de Primera Acogida y los 65 albergues temporales están desbordados y las autoridades ofrecen bonos de hotel a los últimos en llegar.

Con una oleada sin parangón en las últimas décadas, Alemania entera tiene graves dificultades para luchar con la llegada de inmigrantes -unos 200.000 en lo que va de año- y las soluciones de emergencia se multiplican, como los pueblos de contenedores de mercancía de Hamburgo (norte) o las ciudades de barracones de Dresde (este).

Como Ispahi y su familia, cerca de la mitad de los peticionarios de asilo provienen de los Balcanes occidentales y, por encajar dentro de la definición de "refugiados económicos", tienen escasas posibilidades de lograr la residencia, al contrario que los que huyen de la persecución política o la guerra.

"Espero quedarme y, finalmente, conseguir el permiso de residencia. No quiero volver a mi país. Sé que tengo pocas opciones, pero creo que voy a tener suerte", asegura Ispahi.

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