sábado 5/12/20

La flota pide auxilio ante las incontables pérdidas acumuladas por no poder faenar

La sucesión de borrascas en Galicia provoca incontables pérdidas económicas en una comunidad con una parte notable de su economía productiva volcada en el mar y con una flota que lleva demasiados días amarrada.

Un marinero pasa ante varios de los barcos que permanecen amarrados en el puerto de Burela	EFE/ELISEO TRIGO
Un marinero pasa ante varios de los barcos que permanecen amarrados en el puerto de Burela EFE/ELISEO TRIGO

La sucesión de borrascas en Galicia provoca incontables pérdidas económicas en una comunidad con una parte notable de su economía productiva volcada en el mar y con una flota que lleva demasiados días amarrada.
Todos los consultados coinciden en lo preocupante de esta situación, a todos los niveles.
En las cofradías de la ría de Pontevedra, el marisqueo está “prácticamente parado” para las trabajadoras de la cofradía de Lourizán, cuenta su presidenta, Mari Carmen Vázquez Nores.
“Inviernos como el presente no los recuerdo, con temporales y viento de esta manera”.
La mayor salinidad del agua provoca mortandad en los moluscos y, pese a las pequeñas treguas, la habitual rentabilidad reducida del mes de enero tampoco ayuda a una actividad que no pasa “un buen momento”.
En el margen norte, el panorama no es mejor, según detalla Marcos Ruibal, secretario de la cofradía de Raxó (Poio), que dibuja una estampa en la que las embarcaciones “están amarradas” y la incidencia del mal tiempo en el marisqueo a pie también “es elevada”.
La presidenta del marisqueo a pie de Vilanova, Evangelina Lago, dice que “lo llevamos muy mal porque pasamos mucho tiempo sin poder hacer nada”.
Quien se dedica al marisqueo a flote lleva dos semanas sin vender en la lonja y en el de a pie “se nota un poco de recuperación”, de la mano de la almeja japónica, “pero casi imperceptible”.
Echa la vista atrás y rememora que “las navidades para nosotros ya fueron mortales, la verdad, y ahora salimos de la UCI pero seguimos en el hospital”.
El patrón mayor de A Illa, Ángel Iglesias, apunta que “en el aspecto económico” la meteorología no pone “la puntilla”.
“A la escasez de producto y la crisis, ahora se suma esta época de temporal. La semana pasada solo pudimos trabajar dos días, esta ninguno. Es una ruina. Y sin contar los desperfectos... Alguna embarcación dañada, una batea que se soltó y aunque todos ayudamos y gracias a dos barcos se pudo rescatar, la producción de mejillón se perdió toda...”.
Sabe que toca esperar y nunca olvida que el sentido común obliga a extremar las precauciones. “Es algo en lo que insisto mucho. Si hay que perder de ir al mar, se pierde, pero hay que tener cuidado y no jugarse el pellejo. Si hay que perder algo, que no sea perder la vida”.
Una de las empresas de referencia en A Costa da Morte es Mariscos Juan Ramón, que surte de los mejores productos a los restaurantes más conocidos de la zona y a algunos de los más prestigiosos de la provincia.
Su propietario, Juan Ramón Lobelos, sufre en su bolsillo los efectos del mal tiempo desde hace casi dos meses, pues desde el 12 de diciembre trabaja “bajo mínimos” y nota en el negocio las inclemencias de un clima “tan perjudicial”. No recuerda “una racha tan larga” de mal tiempo que afecte a su trabajo.
Incluso alguna embarcación que “está especializada” en los días en los que el tiempo es peor se queda en el puerto. La esperanza es “poder trabajar la próxima semana, pero muy poco”.
Da igual a quien se le pregunte. Todos expresan su desesperación por el invierno desastroso.
En Lugo, el patrón mayor de Burela, Basilio Otero, aporta cifras y cuenta que un barco de artes menores deja de ganar cada día entre 300 y 500 euros, mientras que en un arrastrero pueden llegar a multiplicarse “hasta por treinta”, y situarse entre 9.000 y 10.000 euros por cada jornada de trabajo perdida.
“Una gran pena”, concluye, y este sentir es unánime.  n

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