miércoles 25/11/20

El electricista rectifica y sostiene ahora que nunca vio el Códice Calixtino

El electricista Manuel Fernández Castiñeiras, acusado de robar el Códice Calixtino custodiado en la catedral de Santiago, rectificó ayer su primera versión, en la que se reconocía autor del robo

Imagen de televisión de la sala donde declara María Remedios Nieto Mayo, esposa del electricista lavandeira jr.
Imagen de televisión de la sala donde declara María Remedios Nieto Mayo, esposa del electricista lavandeira jr.

El electricista Manuel Fernández Castiñeiras, acusado de robar el Códice Calixtino custodiado en la catedral de Santiago, rectificó ayer su primera versión, en la que se reconocía autor del robo de este manuscrito, al afirmar ahora que él “no” llegó a ver delante tal joya literaria.
En la segunda sesión de la vista oral, su mujer, Remedios Nieto, y el hijo de ambos, Jesús, manifestaron desconocer cualquier cuestión relacionada con este libro, –hallado en un garaje propiedad de Castiñeiras–; y con las mayúsculas sumas de dinero incautadas en sus pisos, pero alegaron que el cabeza de familia pudo hacerse con 1,7 millones de euros por el trabajo y su carácter ahorrador.
Fernández Castiñeiras insistió durante la jornada en que no recuerda haber confesado ante el instructor José Antonio Vázquez Taín que él fuese el autor de la sustracción de esta joya literaria que desapareció en julio de 2011.

amenazas
El libro se halló un año después en un garaje propiedad de este operario que trabajó como autónomo para la catedral y, en ese momento, se identificó como el responsable del saqueo ante el juez, pero, según explicó ayer, habló, sin rememorar en la actualidad el contenido de lo que dijo, amenazado por el magistrado con que si no lo hacía, su mujer y su hijo entrarían en prisión.
“No declaré libre. Me sentí maltratado. El juez se burló de mí”, señaló ayer en una declaración que no llegó a los diez minutos y en la que solo contestó las preguntas de su abogada, Carmen Ventoso Blanco.
Ante esta contradicción con la declaración judicial inicial, se le mostró a Fernández Castiñeiras la grabación de un testimonio extenso que se remonta al mes de julio de 2012, en el transcurso del cual él mismo se delató, y que ayer escuchó con la vista puesta en el suelo, cabizbajo.
En esa declaración ante el juez instructor José Antonio Vázquez Taín se ve al electricista admitiendo que fue él quien robó el Códice, y observando que eso no fue “una cosa premeditada”, sino que una mañana vio “la puerta abierta” del lugar de la catedral en el que estaba custodiado, por lo que aprovechó la ocasión, aunque en ningún momento fue su intención “venderlo ni nada”.
Asimismo, se escucha al otrora trabajador de la catedral compostelana decir que se apropió en numerosas ocasiones de dinero de la caja fuerte del templo, y que en cuanto dejó de haber dinero, empezó a robar documentación eclesiástica que “guardaba pero ni siquiera leía”.
Tras Fernández Castiñeiras, declaró su mujer, Remedios Nieto, que remarcó que jamás vio las importantes cantidades de dinero incautadas en sus propiedades, pero apuntó que tiene la “sensación” de que Fernández Castiñeiras “ahorraba mucho”.
Nieto, tras subrayar que nunca tuvo constancia de tales sumas monetarias, contempló la posibilidad de que su cónyuge hubiese podido reunir este dinero por su propio oficio, y, así, destacó de su marido que trabajó “toda la vida” y nunca fueron un matrimonio despilfarrador.
“Somos una familia humilde, en casa casi no teníamos gastos”, enfatizó Remedios.
Por último, en la sesión prestó declaración el hijo del ladrón y de Remedios, Jesús Fernández Nieto, que describió a su padre como una persona agarrada y que dictaba órdenes a su familia para que nadie tuviese acceso a sus cosas.
Así, comentó que desconocía el dinero que guardaba su padre en sus propiedades ya que, por estricto mandato de su progenitor, había espacios en los domicilios que “no podía tocar nadie”. Por este carácter autoritario, dejó Jesús el domicilio de sus padres para establecerse en otra vivienda con su novia.
Y, a pesar de que en la casa propiedad de su padre en la que Jesús fijó su residencia se localizaron 30.000 dólares en metálico y tres facsímiles del Códice, dijo desconocer el origen de estos hallazgos: “No era mío y no sé cómo pudo llegar esto hasta ahí”.
Asimismo, explicó que al enterarse de la existencia de sumas elevadas de dinero se sintió “traicionado”; no obstante, no se mostró “sorprendido” por el monto total porque sus padres ahorraron “años y años”, así que “no lo vio raro en absoluto”.

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