Sábado 23.03.2019

Tatuajes, un recuerdo más allá de la muerte

Una empresa estadounidense se encarga de extirpar la piel 
tatuada de la persona fallecida con vistas a su preservación y a que pueda ser enmarcada a modo de recuerdo para sus seres queridos

Tras el fallecimiento, la empresa retira la dermis tintada y le aplica un tratamiento para conservarla y enmarcarla | aec
Tras el fallecimiento, la empresa retira la dermis tintada y le aplica un tratamiento para conservarla y enmarcarla | aec

Una noche, un par de amigos, unas copas y una idea en un principio alocada, que los tatuajes de uno de ellos se conservaran si un día fallecía, son el origen de una empresa estadounidense dedicada a preservar más allá de la muerte los dibujos de la piel, como una obra de arte.
El director ejecutivo de la compañía “Save My Ink Forever” (Salvar mi tinta para siempre), Kyle Sherwood, es amante de los tatuajes y pertenece a la tercera generación de una familia que trabaja en el sector funerario. “Todo empezó una noche con un grupo de amigos y unas pocas bebidas. Uno de mis colegas dijo que le gustaría que su tatuaje se conservase cuando muriese y empezamos a pensar en ello”, rememora Sherwood en una conversación con Efe.
Fruto de aquella idea surgió una empresa que, en colaboración con funerarias repartidas por Estados Unidos, se encarga de extirpar la piel tatuada del finado para luego aplicar un tratamiento con vistas a su preservación y finalmente enmarcarla a modo de recuerdo para sus seres queridos. “En lugar de enterrarlos en un ataúd o de incinerarlos (los tatuajes), hemos sido capaces de crear un recuerdo para las familias, que pueden tener un pedazo de la persona a la que querían y que cuando lo miren puedan evocar algo especial de ella si tenía un tatuaje”, explica Sherwood. “Los tatuajes te cuentan la historia de esa persona –subraya–, son íntimos y personales”.
Cuando alguien fallece y ha expresado su voluntad de conservar la marca de su piel, normalmente es la funeraria la que se pone en contacto con “Save My Ink Forever”. Su expertos extirpan la dermis de la zona dibujada –“no se toma músculo”, explica–, se le aplica un conservante y se envía a la sede de la empresa en Cleveland (noroeste de EEUU), donde se trata para su preservación y enmarcado con un cristal que protege de los rayos ultravioleta, antes de mandarlo de vuelta a los parientes del difunto. Todo el proceso puede durar alrededor de tres o tres meses y medio. Y a partir de ahí hasta la eternidad.
La compañía cobra 100 dólares (87,9 euros) por cada pulgada (2,54 centímetros) de piel tatuada, aunque ofrece paquetes que incluyen la extirpación, transporte, proceso de conservación y enmarcado, además de descuentos si son varios dibujos o grandes.
Es el caso de tatuador canadiense fallecido recientemente Chris Wenzel, con gran parte de su piel dibujada y que será el mayor trabajo hasta la fecha para esta empresa, que empezó a funcionar hace dos años y que ahora opera también en Canadá y el Reino Unido.
“Estamos creciendo bastante, estamos viendo que los tatuajes enmarcados se están convirtiendo en una pieza conmemorativa muy popular”, resalta Kyle Sherwood.

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