jueves 02.04.2020

La resurrección de la “Loveparade” de Berlín

El creador de la “Loveparade” quiere que la música tecno sea considerada patrimonio inmaterial de la Unesco para que esta no se pierda y devolver a la capital alemana las míticas fiestas de los 90
Matthias Roeingh, conocido como el DJ Dr. Motte, en su presentación de la campaña “Rave de Planet”| HAYOUNG JEON (efe)
Matthias Roeingh, conocido como el DJ Dr. Motte, en su presentación de la campaña “Rave de Planet”| HAYOUNG JEON (efe)

El fundador de la “Loveparade”, el DJ conocido como Dr. Motte, aspira a resurgir la que fue macrofiesta y símbolo del nuevo Berlín. Para ello, se propone lograr el reconocimiento del tecno como patrimonio inmaterial de la Humanidad de la UNESCO.

Matthias Roeingh, alias Dr. Motte -o Doctor Polilla-, presentó ayer su iniciativa para relanzar su fiesta, que en 2000 llegó a sumar más de un millón de asistentes pero que en los años siguientes empezó a declinar hasta que dejó de celebrarse en la capital alemana.

Su propósito ahora es captar donativos, a través de la organización “Rave the Planet”. Desde esta plataforma se buscará que se reconozca el tecno como patrimonio inmaterial de la Humanidad. Una denominación que, según él, sería una salvaguarda para la fiesta.

El DJ y creador de la “Loveparade”, de 59 años, considera que su campaña debe actuar también para apoyar a los clubes de tecno de Berlín, actualmente de capa caída, tras haber sido -como lo fue su fiesta- una especie de señal de identidad para la capital alemana.

Varios de los clubes legendarios de la que fue “capital europea del tecno” cerraron o ven amenazada su existencia. La especulación inmobiliaria, unida al cambio de tendencias, presionan sobre un circuito que, sin embargo, sigue estando muy presente en la oferta cultural y turística de la ciudad.

El declive de la macrofiesta

La “Loveparede” nació en 1989 impulsada por Dr.Mott. Entonces apenas unos 150 seguidores se sumaron a su fiesta, consistente en una furgoneta equipada con altavoces y circulando por el sector occidental de Berlín.

De ese centenar y medio de “ravers” se pasó en los años siguientes a decenas de miles, primero, o centenares de miles, poco después. Entre 1999 y 2001 se superó la cifra del millón de asistentes.

A partir de ahí empezó a bajar su repercusión. En paralelo aparecieron los problemas administrativos sobre su organización, incluido el reparto de gastos para la recogida de basuras que generaba.

Finalmente la fiesta se trasladó a otras ciudades de Alemania, aunque ya sin el Dr. Motte como organizador y alma de la fiesta.

El golpe final a la fiesta fue la tragedia ocurrida en 2010, en Duisburgo. Esta ciudad de la ya desmantelada cuenca minera del Ruhr, en el oeste del país, acogió la “Loveparade” como fórmula para relanzarse internacionalmente.

La iniciativa derivó en catástrofe al desatarse el pánico entre los asistentes. Miles de jóvenes quedaron atrapados en el único túnel de acceso al recinto y la avalancha humana acabó con la vida de 21 personas.

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