jueves 22/10/20

Leer cuentos a perros, terapia para los más peq ueños

Cambiar el rol de alumno a “profe” es la idea sobre la que se asienta una terapia innovadora, que consiste en que niños con dificultades de aprendizaje o integración leen libros a un perro.

Una manta en el suelo es el espacio de trabajo en el que se sitúan el niño, el can y su dueño, que es el terapeuta | fran del olmo (efe)
Una manta en el suelo es el espacio de trabajo en el que se sitúan el niño, el can y su dueño, que es el terapeuta | fran del olmo (efe)

Cambiar el rol de alumno a “profe” es la idea sobre la que se asienta una terapia innovadora, que consiste en que niños con dificultades de aprendizaje o integración leen libros a un perro. Gracias a la conexión emocional que se establece entre ambos mejoran sus habilidades lectoras y también su autoestima.
Una manta en el suelo es el espacio de trabajo en el que se sitúan el niño, el can y su dueño, que, además, es el terapeuta. Y comienza la sesión. Durante veinte minutos el pequeño lee un cuento al perro pensando que le está enseñando, que ejerce de profesor y tiene que sentir que el animal le está escuchando.
Una pata levantada o una oreja erguida es la señal de que algo va mal en la lectura: una error de pronunciación, una palabra que no se entiende o un ritmo demasiado rápido. En España, la terapia comenzó en 2012 de la mano de Perros y Letras, la organización que la trajo desde Estados Unidos, donde el programa se denomina READ y lleva funcionando más de veinte años. El objetivo es mejorar las habilidades lectoras de niños con necesidades educativas especiales, desde aquellos que tienen un trastorno del espectro autista, síndrome de Asperger, déficit de atención e hiperactividad, o que simplemente “necesitan un empujón” porque tienen problemas de autoestima e integración, explica Elena Domínguez, directora de Perros y Letras.
El colegio “El Sol” de Madrid lleva desde el curso pasado siguiendo esta terapia y Gael es uno de los “lectores”. Bea, una perra de raza labrador, escucha como este alumno de 7 años le lee el cuento que previamente eligió. “La pobre Bea nunca se entera de nada, siempre hay que explicarle todo”, señala Elena, la encargada de que la perra haga su señal para indicar al niño que algo no va bien, como, por ejemplo, que “supuestamente” no sabe qué significa una palabra. La terapeuta anima al niño a buscar la definición en el diccionario para luego explicarle a Bea su significado. “¿Lo has entendido?”, le pregunta al oído Gael a la can levantándole la oreja.
En tres semanas se pueden empezar ya a notar resultados como el incremento de la fluidez lectora y la motivación, aunque se observan “fehacientemente” en doce sesiones, según los datos de la Universidad Complutense de Madrid, que colabora en el proyecto. Pilar, la madre de Gael, está “encantada” con la terapia, de la que solo ve “ventajas”. Antes de empezar, su hijo “no veía ni puntos ni comas y ahora sí. Además, le gusta más leer, le cuesta menos concentrarse y, a medida que ve los avances que tiene en la lectura, se siente más seguro”.
Fundamentalmente se trabaja con alumnos de primaria, aunque en A Coruña se está empezando en secundaria, a través de un proyecto piloto con el apoyo de la Universidad de Santiago de Compostela. l

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