Domingo 19.05.2019

El faro de Cabrera, 150 años de triunfo de la conservación

La torre de n’Ensiola celebra su cumpleaños en la isla balear de Cabrera convertido en enseña del patrimonio frente a los intereses especulativos en el enclave y en el mayor parque nacional de España

El faro de n’Ensiola, en la isla balear de Cabrera | j.j. guillén (efe)
El faro de n’Ensiola, en la isla balear de Cabrera | j.j. guillén (efe)

El faro de n’Ensiola, en la isla de Cabrera, cumplirá el próximo año sus 150 como guía de navegantes y como testigo del triunfo de la conservación frente a los intereses especulativos que han acechado a este enclave balear, hoy el mayor parque nacional de España y único que posee en el Mediterráneo. El febrero, el Consejo de Ministros aprobó ampliar la superficie amparada bajo la máxima figura de protección desde las 10.021 hasta las 90.800 hectáreas, lo que también convirtió al Archipiélago de Cabrera en el segundo mayor parque nacional marítimo-terrestre del Mediterráneo occidental.

Gestionado por la Autoridad Portuaria de Baleares, el faro se terminó de construir en 1868, pero no se pudo utilizar hasta dos años después, cuando se instaló la óptica, que, con un alcance de 20 millas náuticas, se convirtió en referencia para los navegantes en una ruta crucial entre Mallorca e Ibiza.

Pero además, Cabrera fue “lugar obligado de abastecimiento y refugio para los barcos que viajaban desde la Bética a Italia, ya que la isla posee el segundo puerto más seguro de Baleares –por detrás de Mahón– y dispone de agua potable”, explica a EFEverde la directora del parque nacional, Francesca López.

Sin embargo, la permanencia en Cabrera era “casi de subsistencia, con recursos muy limitados y una agricultura pobre que debía ser complementada con la pesca, de ahí que nunca haya tenido una población estable durante mucho tiempo”, subraya la directora. “El momento en que más poblada estuvo la isla fue entre 1809 y 1814, cuando unos 12.000 soldados napoleónicos que perdieron la guerra en Bailén fueron confinados en el que se considera el primer campo de concentración de la época moderna, con cerca de 5.000 de manera simultánea”, relata. Después, hubo familias que dependían de la agricultura y la pesca hasta que en 1916, durante la Primera Guerra Mundial, fueron avistados submarinos alemanes cerca de Cabrera y el Ministerio de la Guerra expropió la isla a los propietarios de entonces.

Para Francesca López, el hecho de que sea de propiedad militar, “aunque en los 80 tuvo sus puntos negros para la biodiversidad de las islas con las maniobras militares, le ha protegido de otra amenaza propia del Mediterráneo, la especulación urbanística y los usos turísticos descontrolados”. Por eso, la historia de la isla de Cabrera, situada al sur de Mallorca y la mayor del archipiélago del mismo nombre, está marcada también por episodios en que “la conservación se ha ido abriendo camino”, y el faro de n’Ensiola, habitado hasta 1971 y automatizado desde entonces, ha sido testigo de ellos, incide la directora. Sus 19 islas –dos mayores y 17 islotes– albergan especies de fauna y flora endémicas y “son un laboratorio de evolución”.

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