martes 27/10/20

El consumo de café o té puede ayudar a proteger el hígado

El consumo habitual de café o té, aunque sea de forma moderada, puede servir para proteger al hígado de una fibrosis progresiva que derive en una enfermedad hepática avanzada, según los resultados de un estudio de la Erasmus University Medical Center de Rotterdam (Países Bajos).

Tomarse una o dos tazas de café es beneficioso | Jeffrey Arguedas (efe)
Tomarse una o dos tazas de café es beneficioso | Jeffrey Arguedas (efe)

El consumo habitual de café o té, aunque sea de forma moderada, puede servir para proteger al hígado de una fibrosis progresiva que derive en una enfermedad hepática avanzada, según los resultados de un estudio de la Erasmus University Medical Center de Rotterdam (Países Bajos).
Los autores de este trabajo, que publicó la revista Journal of Hepatology, recuerdan que las enfermedades hepáticas crónicas están directamente relacionadas con hábitos de vida poco saludables que pueden favorecer la aparición de cirrosis tras una fibrosis progresiva causada por la cicatrización del hígado.
“En las últimas décadas nos hemos desviado hacia hábitos de vida menos saludables, con más sedentarismo, menos actividad física y peores dietas”, explicó Louise Alferink, una de las autoras de este trabajo.
Además de favorecer una epidemia de obesidad, también propició un rápido aumento de enfermedad del hígado graso no alcohólico, causando un daño hepático por la acumulación de grasa similar al que puede causar el consumo de alcohol. Investigaciones previas sugerían que el café podía resultar beneficioso para la salud a la hora de reducir los niveles de enzimas hepáticas y el riesgo de cirrosis, hepatitis virales o cáncer de hígado. 
Aunque las causas son todavía desconocidas, se cree que puede deberse al potencial antioxidante de esta bebida, pero los autores querían observar si su consumo podía repercutir en la rigidez hepática.
Para ello, se recopilaron datos de 2.424 participantes de un gran estudio que incluía a población de más de 45 años de un suburbio de Rotterdam. Todos ellos se sometieron a una extensa evaluación física, incluyendo datos antropométricos, análisis de sangre e imágenes hepatológicas extraídas mediante una ecografía abdominal y una prueba que mide la rigidez hepática.
Además, completaron un cuestionario para evaluar la frecuencia de consumo de hasta 389 alimentos que, entre otros, daba información detallada sobre el consumo de café y té, y sus efectos resultaron beneficiosos.

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