sábado 04.04.2020

Los Caminos del Oeste, una comunión con la historia

La ruta Jacobea del oeste peninsular comienza a darse a conocer entre los viajeros, que disfrutan de un peregrinaje menos masificado pero con los mismos encantos y servicios que en el resto de travesías
Un peregrino contempla la figura de la reina Santa Isabel en Estremoz, Portugal | carlos garcía (efe)
Un peregrino contempla la figura de la reina Santa Isabel en Estremoz, Portugal | carlos garcía (efe)

o es un viaje solo religioso, es espiritual”. Los Caminos Jacobeos del Oeste Peninsular conducen al peregrino a través del tiempo, desde la España medieval a los muros que sellaron la paz en Portugal tras una desgarradora guerra civil. Una ruta para descubrir mil y una historias.

Desde la Extremadura española, el caminante puede saltar al Alentejo portugués y trepar hacia el norte hasta Galicia, emulando una vía empleada desde la Edad Media para llegar a la catedral de Santiago de Compostela.

La experiencia recupera la cultura común y aspira a convertirse en una oportunidad para evitar la desaparición de decenas de aldeas de uno y otro lado de la frontera amenazadas por la despoblación  del rural.

Despejar y marcar las rutas, conservar los caminos y crear una red de alojamientos y servicios para los peregrinos, son acciones decisivas para impulsar el desarrollo de la mano de un proyecto que cuenta con más de 1,8 millones de euros de apoyo de fondos europeos del Programa de Cooperación Transfronteriza Interreg España Portugal (Poctep).

“Es un camino muy duro, dos meses. Un camino para peregrinos de pata negra”, reconoce el presidente del Centro de Desarrollo Rural (Ceder) La Serena (Badajoz), Manuel Soto. Y lo sabe por experiencia.

Más de mil kilómetros de ruta

Son más de mil kilómetros si se parte del “Camino de los Sentidos”, en Almería, en el extremo sureste español, cruzando Granada y Córdoba para alcanzar Extremadura. Allí, el caminante toma el Jacobeo del Oeste, se adentra en Portugal, sigue el sendero “Nascente” que atraviesa el Alentejo y enfila hacia el norte.

En el trayecto, tesoros catalogados como Patrimonio de la Humanidad, la Alhambra de Granada y la Mezquita de Córdoba, rutas históricas, como la utilizada por Fernando III en su lucha por la reconquista de Al-Ándalus, montañas, olivares, dehesas, valles y lagos.

En el lado portugués espera el castillo de Evora-Monte, escenario de la paz que acabó con la guerra civil (1828-1834), muy cerca de Estremoz y sus famosos “bonecos”, los muñecos de barro declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2017.

Pero además de sus tesoros patrimoniales, la región ofrece una riqueza gastronómica tentadora. Desde el jamón ibérico, el aceite y el cordero extremeño -pasando por el queso de La Serena o el turrón de Castuera- hasta el bacalao portugués y los vinos del Alentejo.

“Pueden ser mil personas en el camino”, presume Soto, pero todavía no hay estadísticas sobre la afluencia porque la ruta apenas se empieza a conocer.

Comentarios