Miércoles 19.06.2019

La aventura de tres pintores por amor a Caravaggio

El resultado de su viaje, su aprendizaje, sus historias y su inspiración en la fealdad reflejada en sus cuadros con tubérculos de narices y dientes podridos se puede observar en la exposición de Utrecht

Un visitante observa la obra del italiano en la exposición “Utrecht, Caravaggio y Europa”| EFE
Un visitante observa la obra del italiano en la exposición “Utrecht, Caravaggio y Europa”| EFE

a exposición en la ciudad de Utrecht, que incluye préstamos del Vaticano y obras del español José de Ribera, relata la aventura en la que se embarcaron tres pintores holandeses hacia la Roma del siglo XVII, sin aviones ni GPS, en busca de la obra de Michelangelo Merisi da Caravaggio.

“El escritor Karel van Mander escribió en 1604 en su libro de pintores sobre un artista llamado Caravaggio que hacía cosas milagrosas en Roma, diciendo que los más jóvenes debían inspirarse en él. Eso les empujó a viajar hacia el sur, hacia Italia”, explicaba la comisaria de la exposición, Liesbeth Helmus. La pintura de Caravaggio llegó a oídos de los aristas holandeses Hendrick ter Brugghen, Gerard van Honthorst y Dirck van Baburen y ello les llevó a poner rumbo a Roma para conocer a un ídolo, “un hombre feroz y emocional, un exaltado”, en palabra de Helmus. Los holandeses tendrían que cruzar los Alpes con una guía en mano y, después de 333 horas a pie, entrar a Roma por la puerta grande, la basílica de Santa María del Popolo.

El resultado de su viaje, su aprendizaje, sus historias y su inspiración en la fealdad reflejada luego en sus cuadros con tubérculos de narices y dientes podridos se puede ver en la exposición de Utrecht, que recoge el caravaggismo internacional de los jóvenes que acudieron a Roma para inspirarse en el italiano.


Los tres muchachos de Utrecht llegaron a Roma y se llevaron una gran decepción: Caravaggio se había ido de allí. Sin embargo, encontraron consuelo en su legado y admiraron sus obras en capillas y colecciones privadas, mientras compartían piso con otros artistas llegados de Flandes y España.


Ninguno hacía ese viaje tan largo para quedarse tan solo unas semanas, los artistas permanecían en Roma durante meses o años: cual nativos romanos, vivieron allí, visitaron posadas, burdeles y fiestas privadas, e incluso llegaron a envejecer y morir en la capital italiana, sin volver jamás a su país de origen.

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