lunes 21/9/20

Iglesias y Rivera se enzarzan en el “cuerpo a cuerpo” más bronco

Los líderes de Podemos, Pablo Iglesias, y de Ciudadanos, Albert Rivera, se enzarzaron ayer en un debate muy subido de tono, con duras descalificaciones sobre todo por parte del secretario general del partido morado, protagonizando uno de los rifirrafes más broncos entre ambos.

Rivera llega a la tribuna | s. barrenechea (efe)
Rivera llega a la tribuna | s. barrenechea (efe)

Los líderes de Podemos, Pablo Iglesias, y de Ciudadanos, Albert Rivera, se enzarzaron ayer en un debate muy subido de tono, con duras descalificaciones sobre todo por parte del secretario general del partido morado, protagonizando uno de los rifirrafes más broncos entre ambos.


Aunque están acostumbrados a que salten las chispas cada vez que se enfrentan en un “cuerpo a cuerpo”, Iglesias se reservó para ayer, con Rivera, sus palabras más duras del debate de la moción de censura contra Mariano Rajoy, aunque ya el martes, con Ana Oramas, de Coalición Canaria, sacó su ceño fruncido.


Con un tono condescendiente, Pablo Iglesias cargó contra el líder de la formación naranja desde el principio subrayando que “no sirven para nada en política” o que hay que ser “bastante facha” para afiliarse al PP en 2002, como hizo Rivera, si bien a renglón seguido señaló que no creía que fuera “facha” sino “más bien cínico”.

Formación intelectual
Trajo a colación que también se negó a condenar el franquismo o que en una entrevista afirmó que las dictaduras daban “cierta paz y tranquilidad”. Pero Iglesias atacó mucho a Rivera por el flanco de la erudición al afirmar que sus citas “pedantes” son de libros que no leyó y que para meterse en política hay que tener “formación intelectual”.
Unos ataques que Rivera trató de esquivar riéndose del trabajo parlamentario de Podemos al recordar que plantean iniciativas sin razón de ser, como derogar el secreto bancario, cuando en España este secreto no existe.

Propuestas ya aprobadas
Por no hablar, reprochó, de las once propuestas que el martes defendió Iglesias en la primera sesión de la moción de censura, de las cuales siete están ya aprobadas o en tramitación.
Rivera le sugirió que salga del autobús de la trama “y vuelva a la Cámara” porque corre el peligro de que cuando quiera darse cuenta lo tiene todo aprobado.


Ha utilizado adjetivos como “viejunas” o “fracasadas” para referirse a las medidas sociales y económicas de Podemos, pero lo suyo fue más meterse con Iglesias por su postura ante Cataluña al afearle que se alíe con Bildu y ERC, los únicos que quieren “liquidar” España, dijo.


Denominar a Podemos como “Demoliciones Iglesias” por querer destruir toda la casa es otra de las ideas “estrella” que sacó Rivera en su discurso, que en todo caso fue menos agresivo que el de su oponente.


Iglesias no escatimó esfuerzos para tratar de arrinconar a Rivera, al que tachó de “enorme decepción”, de “embustero” y de ser el “escudero” que permite gobernar a lo que los jueces describieron como “una organización para delinquir”. Palabras dichas, por ambos lados, que evidencian que de este debate no parece que vaya a salir una “gran amistad” ni siquiera parlamentaria.
Tras el duelo, Rivera, afirmó que “Pablo Iglesias tiene más cara de Hernández Mancha de que Felipe González”.


En declaraciones a los periodistas en el Congreso, Rivera quiso así equiparar a Iglesias con el que fuera líder de Alianza Popular (AP), Antonio Hernández Mancha, que en 1987 presentó una moción de censura contra el Gobierno socialista, cuyo fracaso acabó propiciando una renovación de AP y el abandono de la política por parte del propio Hernández Mancha.
Fue el caso contrario al que había protagonizado unos años antes el líder del PSOE, Felipe González, que en 1980 fracasó en su moción contra Adolfo Suárez, pero con su debate quedó consagrado como líder de la oposición y alternativa a la UCD y logró la mayoría absoluta en 1982.


Rivera considera que su “cara a cara” con Iglesias “ha ido muy bien” y que fue la única ocasión en la que el líder de Podemos se puso “muy nervioso” y por eso cayó en “la descalificación personal”, mientras que a los demás portavoces se limitó a dedicarles “misas laicas”.

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