sábado 31/10/20

El Ejecutivo y la oposición se echan en cara la crispación y la división política

También hubo reproches entre el Gobierno y el PP por la gestión de las residencias de mayores en Madrid
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Pleno del Congreso | ep
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Pleno del Congreso | ep

El Gobierno y la oposición se echaron ayer en cara en el Congreso el alto nivel de crispación y división políticas en la crisis del coronavirus, al tiempo que también hubo cruce de reproches entre el Ejecutivo y el PP por la gestión de las residencias de ancianos, de donde proceden la mayoría de fallecidos.  

La batalla por repartir las culpas comenzó con el cara a cara entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder del Partido Popular, Pablo Casado. 

Así, Sánchez acusó a Casado de utilizar la pandemia para “descabalgar” al Ejecutivo, mientras el popular afirmó que son él y sus socios los que esparcen el “veneno” de la confrontación. 

“Qué camino van a tomar señor Casado, el de la bronca o el de la unidad”, le preguntó Sánchez al líder del PP, al que volvió a reclamar que se sume a los consensos necesarios para la reconstrucción social y económica. No obstante, Casado insistió en que ha sido Sánchez quien rechazó todas sus propuestas de pactos. 

Este no ha sido el único cara a cara tenso de la sesión de control, en la que también hubo duros reproches entre la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, y la portavoz de los populares, Cayetana Álvarez de Toledo, y entre el secretario general de los populares, Teodoro García Egea, y el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias. 

Calvo invitió a Álvarez de Toledo a un café para tener un “debate productivo e interesante” sobre la verdad y el compromiso que tiene el Gobierno con ella, después de que la portavoz popular acusase al Gobierno de extender el “bulo” de que el PP “apoya un golpe de Estado”, para “camuflar su responsabilidad en la muerte de miles de españoles”.  

Por su parte, en su respuesta a García Egea, Iglesias consideró una “indecencia” que el PP negasen la existencia de la orden de la Comunidad de Madrid para que no se atendiera a ancianos de residencias en los hospitales. 

El vicepresidente segundo del Gobierno también propuso un café a García Egea, quien llamó a Iglesias “monaguillo de Sánchez” y le espetó que “tras haber conseguido el sillón ya no le duele el sufrimiento de la gente”. 

Entre tanto cruce de acusaciones, el portavoz adjunto de Cs, Edmundo Bal, pidió a Sánchez que “aparque” las batallas ideológicas dentro de su Ejecutivo, “desmandado” con sus ataques a la oposición y algunas comunidades. 

Sánchez le respondió con la promesa de que hará “todo lo posible y más” para conseguir ese clima de entendimiento, una voluntad de la afirma que Ciudadanos ha sido “testigo”. 

Con el mismo clima conciliador respondió el Gobierno con otro de sus socios en las votaciones de estos últimos meses, el PNV. En este sentido, el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, ponía a ese partido como ejemplo del “tono constructivo” que debe marcar “una nueva forma de hacer política” en la que, ha remarcado, “nos necesitamos todos”. 

No obstante, la bronca volvió  de nuevo con el enfrentamiento que mantuvieron en el Congreso el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska con la diputada de Vox Macarena Olona. 

Así, el titular de Interior retó a Olona a que hable de su pasado, como esta amenazó, porque él es hoy el mismo que hace 20 años combatía a ETA.  

“Me he librado hace mucho de la mirada de la dictadura ajena, pero también de los silencios”, le espetó Marlaska a la parlamentaria cuando en la sesión de control del Congreso Olona le instó a que diga cómo hace 20 años en Bilbao “tuvieron que recordarle que la lucha contra ETA no es compatible con la cobardía”.  

Por su parte, la ministra de Igualdad, Irene Montero, se pronunció sobre el 8-M: “no estén tan ocupados con el 8 de marzo y vigilen más a Ayuso”, espetó.

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