lunes 26/10/20

El rescate a Grecia no despeja las dudas sobre la crisis del país y del euro

El tercer rescate de Grecia ha dado una respuesta temporal, pero no una solución permanente, a las dudas que la última crisis helena ha abierto sobre el futuro del país y del euro, una incertidumbre que ha tomado una nueva deriva con la renuncia de Alexis Tsipras y la perspectiva de nuevas elecciones.
 

Varios manifestantes protestan contra las reformas acordadas entre Grecia y la eurozona       ORESTIS PANAGIOTOU
Varios manifestantes protestan contra las reformas acordadas entre Grecia y la eurozona ORESTIS PANAGIOTOU

El tercer rescate de Grecia ha dado una respuesta temporal, pero no una solución permanente, a las dudas que la última crisis helena ha abierto sobre el futuro del país y del euro, una incertidumbre que ha tomado una nueva deriva con la renuncia de Alexis Tsipras y la perspectiva de nuevas elecciones.
“Grecia es y seguirá siendo irreversiblemente un miembro de la zona del euro”, dijo el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, una vez se aprobó el rescate de hasta 86.000 millones concedido a Grecia.
De puertas para dentro, sin embargo, nadie se atreve a pronunciarse con un optimismo tan rotundo, mientras los analistas coinciden en que la concesión del tercer rescate sí supone un punto y aparte a más de seis meses de tensiones y desencuentros, sí, pero no un punto final.
La incertidumbre aún es alta y se mantienen sin resolver preguntas como si funcionará el rescate, qué medidas están dispuestos a aprobar los socios del euro para aliviar la deuda griega, cuál será el grado de implicación –y financiación– del Fondo Monetario Internacional (FMI) en el rescate y si Atenas aplicará realmente las reformas exigidas.
“Creo que el acuerdo asegura la posición de Grecia en la eurozona a corto plazo, pero no es una solución duradera. Parece poco probable que este rescate vaya a funcionar mucho mejor que los anteriores”, explicó el analista y codirector del centro de estudios Open Europe Raoul Ruparel.
“Es difícil formular una expectación positiva sobre el rescate, teniendo en cuenta cómo los dos programas anteriores se desarrollaron”, coincide la investigadora de Bruegel Silvia Merler.
El director del centro de estudios CEPS, Daniel Gros, considera, en cambio, que la posición de partida esta vez es “mejor que nunca”, dado que la mayor parte del ajuste fiscal ha sido llevado a cabo ya en los pasados cinco años y los salarios en Grecia “han caído ya mucho”. Sin duda, una de las cuestiones que más moviliza a los socios europeos es asegurar que Atenas cumpla, esta vez sí, con lo comprometido, pese a que las nuevas elecciones anticipadas que se esperan en septiembre no ha creado demasiada inquietud.
“Las reformas pueden ser implementadas ya, al margen de unas elecciones”, en opinión de la portavoz de la Comisión Europea Annika Breidthardt.
En Bruselas, el movimiento de Tsipras de abandonar el cargo de primer ministro para abocar el país a elecciones sin haber cumplido un año de mandato se plantea como una decisión que puede resultar beneficiosa, si se logra un Gobierno más sólido.
El consabido parón que acompaña a unas elecciones aumenta la posibilidad de nuevos retrasos en la aplicación de unas reformas claramente secuenciadas en el rescate, pero los socios tienen la seguridad de que Atenas tratará de cumplir, dado que un nuevo pago de 3.000 millones de euros depende de ello.
Además, sin progresos, no se podrá finalizar la primera misión de revisión que se espera para octubre, de cuya conclusión positiva pende el inicio de las discusiones sobre la abultada deuda griega, que tanto la Comisión Europea como el BCE esperan que supere el 200% en 2016. Mientras ambas instituciones reconocen que esta es insostenible y necesita medidas de alivio, los socios del euro rechazan una quita, una opción que el FMI defiende cada vez con más ahínco.
Merler afirmó que un “acuerdo serio sobre el alivio de la deuda” sí podría ser la clave que permita que el drama griego tenga esta vez un desenlace diferente.
En cambio, Gros considera que la defensa de la quita del FMI “no es convincente en la sustancia”, dado que la carga del servicio de la deuda de Grecia es más baja que la de países como Italia, dada la amplitud de los vencimientos y sus tipos reducidos.

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