lunes 25.05.2020

El club de los líos

En los últimos meses la entidad rayista no ha tenido una semana tranquila y afronta con dudas el final del campeonato
El entrenador del Rayo Vallecano, Paco Jémez (arriba), dirige el entrenamiento realizado el miércoles en Vallecas, tras salir del Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) en el que se encontraba por decisión del club a raíz de la crisis derivada por la Covid-19 | efe
El entrenador del Rayo Vallecano, Paco Jémez (arriba), dirige el entrenamiento realizado el miércoles en Vallecas, tras salir del Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) en el que se encontraba por decisión del club a raíz de la crisis derivada por la Covid-19 | efe

No hay un mes tranquilo’. Esa frase que se repite constantemente en el entorno del Rayo Vallecano podría ser un buen resumen para definir a un club que, por mucho que pase el tiempo, parece vivir en un permanente estado de convulsión y que más allá de sus resultados deportivos siempre está en el foco mediático.

El último episodio de este serial que se prolonga año tras año llegó esta semana con la negativa de los jugadores de la primera plantilla a entrenar si seguían estando metidos en un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE).

La solución costó resolverla el tiempo que tardó la directiva en rectificar, casi dos días. Entre medias un cruce de declaraciones públicas del entrenador Paco Jémez, una respuesta del club vía comunicado justificando sus decisiones y unas reuniones muy tensas entre el técnico y el director deportivo, David Cobeño.

Deportivamente la temporada no pudo comenzar peor. En las diez primeras jornadas el equipo solo sumó dos victorias y la primera vuelta la cerró como decimocuarto clasificado.

La suerte tampoco contribuyó con una lesión de gravedad en pretemporada del central internacional uruguayo Emiliano Velázquez y otras tres más antes de Navidad del portero Alberto García, el extremo portugués Bebé y el centrocampista Santi Comesaña. Tanto infortunio hizo que Paco Jémez no cesara de pedir públicamente unos refuerzos que no llegaban y que mermaron a una plantilla que también comprobó como en el mercado de invierno su capitán y máximo asistente, Adrián Embarba, fichaba por el Espanyol.

Hasta el 11 de marzo que fue cedido al Deportivo, en esa plantilla estuvo el central senegalés Abdoulaye Ba, al que Paco Jémez se encargó de recordar desde pretemporada que no contaba con él y al que no se le dejó salir al no llegar ofertas que satisficieran a la directiva, pese a que el jugador llevaba también meses pidiendo salir por no contar para su técnico.

La relación personal entre Paco Jémez y Raúl Martín Presa no pasa por su mejor momento desde hace meses. Más tiempo lleva un sector muy mayoritario de la afición pidiendo la marcha del presidente, al que se le acusa de mala gestión, poca transparencia, opacidad en sus decisiones y tener abandonada a la cantera y otras categorías inferiores. En protesta por su gestión, el estadio de Vallecas permaneció los tres primeros meses de temporada en silencio.

El estallido definitivo entre afición y directiva se produjo el 15 de diciembre, cuando aterrizó en Vallecas el Albacete. Lo hizo con un viejo conocido, el ucraniano Román Zozulya, que llegó cedido en enero de 2017 al Rayo y duró unos días, al no poder debutar ni entrenar por la oposición frontal de la afición debido a sus ideas políticas.

En ese duelo contra el equipo manchego se escucharon los cánticos ‘Zozulya, puto nazi’, el jugador se quejó y el árbitro decidió que no se jugara la segunda parte ante las protestas del equipo visitante para “salvaguardar la integridad” del futbolista.

Raúl Martín Presa condenó esa actitud de una parte de su afición ubicada en el fondo del estadio y la sanción llegó unos días después. 18.000 euros y clausura parcial del estadio durante dos partidos.

Por ello, el Rayo tiene en este final de temporada doce partidos, los once del resto de equipos y el suyo aplazado frente al Albacete. l

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