viernes 18.10.2019

Xavier Güell | “Gaudí pretendía conseguir la obra de arte total, donde su arquitectura sonara y oliera”

Músico y escritor Presenta una obra en la que se pone en la piel del genial arquitecto catalán para tratar de contar los entresijos de su vida, su sentir sobre temáticas tan diversas como la religión o el propio arte
Xavier Güell participó ayer en la Fundación Luis Seoane en una charla sobre su obra | patricia g. fraga
Xavier Güell participó ayer en la Fundación Luis Seoane en una charla sobre su obra | patricia g. fraga

La figura de Antoni Gaudí siempre ha estado envuelta en un halo de misterio y desconocimiento que él mismo se encargó de componer. Tan solo un puñado de personas fueron quien de acercarse al genial arquitecto catalán, entre ellos, Eusebio Güell, benefactor y compañero en su sueño de construir una Barcelona “nueva”.  

Más de 80 años después, el tataranieto de Eusebio Güell, Xavier Güell, se pone en la piel del propio Gaudí, para desentrañar al artista, su personalidad, sus pasiones, su manera de ver y entender el mundo, y contarlo todo “en primera persona”. Lo hace a través de la novela “Yo, Gaudí”, con la que visitó ayer la Fundación Luis Seoane.

Igual que un actor se adueña de sus personajes, llegando a ser “un desdoblamiento de su personalidad”, Güell hace lo mismo con Gaudí, se pone en su piel y, el modo empleado para contar su vida, son 21 misivas enviadas al joven Alfonso Trías.

Precisamente este aspecto fue lo más difícil en la concepción de esta novela, “lo más complicado siempre es identificarte, no escribir ni una palabra hasta que realmente te hayas identificado con el personaje”, explica Güell. Todo esto, “a través de reflexión y a través de lecturas”, en un proceso que el autor considera “largo y doloroso”.

Güell ha tenido una vida dedicada a la música, sobre todo como director de orquesta, algo que se nota en la propia composición del libro. La música forma parte también de la propia idiosincrasia de Gaudí. “Eso me parece muy importante, porque él era consciente de que la arquitectura y la música formaban parte de mundos diversos, la primera era un arte del espacio, y la segunda un arte del tiempo”, comenta el autor. El cómo llegar a un punto común entre ambas “es lo que le obsesiona toda su vida, porque Gaudí lo que pretende es conseguir la obra de arte total, ese espacio para soñar con la conjunción, donde la arquitectura suene, donde su arquitectura huela, donde tenga tacto”, añade Güell.

Personaje desconocido

Antoni Gaudí era una persona peculiar y “muy complicada”, en la que se da un fenómeno que casa muy bien con esta peculiaridad, ya que es “el arquitecto español más conocido, sus obras reúnen a millones de visitantes cada año, sin embargo, es un auténtico desconocido en el plano personal e íntimo”, señala Güell.

“A mí me interesaba encontrar una situación en la que el propio Gaudí pudiera hablar”, en la que se encontrara débil, “como le ocurre en 1911, que pensaba que se iba a morir” y en la que pudiera “confesarse” con alguien por quien sintiera debilidad, en este caso la figura del “hijo de su vecino”, con quien mantiene esta relación epistolar.

Fallecimiento

Lo que es importante en “Yo, Gaudí”, tal y como destaca su autor, es poder descubrir “que en Gaudí conviven muchísimos Gaudís distintos, no sólo ese personaje espiritual o como casi un mendigo, viejo al cual atropellan”, explica Güell, haciendo referencia al fatal accidente que sufre el arquitecto, al ser arrollado por un tranvía.

Es precisamente este punto con el que comienza la obra, con el atropello mortal, momento “en el que nadie lo reconoce” y ese fue uno de los motivos de su posterior fallecimiento, “ya que no lo reconocen hasta pasadas 48 horas, ya es tarde y muere, si lo hubieran atenido antes no hubiera muerto”, aclara Güell.

En ese trayecto que el autor recorre por los diferentes Gaudís, se puede observar la evolución del arquitecto y su sentir sobre tan diversos aspectos como la religión, el catalanismo, su visión del arte, la masonería e incluso las propias relaciones sociales. De este último aspecto destaca Güell que era una persona "tosca", de una "timidez enfermiza", que "nunca quiso hablar ni dar explicaciones" y que se acabó "encerrando como un energúmeno".

Comentarios