viernes 19.07.2019

Un museo insólito para contar la historia que hay detrás de las obras de arte

El académico de arquitectura José Ramón Soraluce Blond acaba de publicar un nuevo libro en el que, de una manera novelada, le da voz a los cuadros y esculturas para que cuenten todo lo que tuvieron que pasar

José Ramón Soraluce Blond acaba de publicar su nuevo libro “El museo insólito” | Xurxo lobato
José Ramón Soraluce Blond acaba de publicar su nuevo libro “El museo insólito” | Xurxo lobato

A través de una óptica diferente, de una manera más novelada, acomete el académico de arquitectura José Ramón Soraluce Blond un estudio de las grandes obras del arte en su nueva obra escrita, “El museo insólito”.

Cuenta el propio Soraluce que este libro es una obra “novelada de los acontecimientos de la vida que han tenido estas obras de arte”. No se trata de un estudio crítico ni de un estudio artístico, sino “un estudio de la propia vida de las obras”. Para ello Soraluce ha echado mano de una “táctica” que es “sacarlas” de sus propios museos y llevarlas al espacio virtual que el propio Soraluce se encarga de construir, “El museo insólito”.

Las escogidas por el autor son 31 obras que encontramos en todos los museos del mundo    y que son admiradas por todo lo que significan dentro del panorama de la cultura, pero “detrás de ellas hay toda una historia complejísima y a veces sorprendente”. 

Soraluce pretende dar voz a las propias obras, “que ellas hablen, que cuenten lo que les ha pasado, que en ocasiones ha sido incluso traumático”, explica el propio autor.

En este museo que crea, Soraluce “desnuda” las obras, quitando el marco a los cuadros y las peanas a las esculturas, para que “cuenten sus problemas, sin necesidad de tener que dar explicaciones artísticas sobre las mismas”.

Todos conocen estas obras, pero no saben por todo lo que pasaron, como es el caso de la Venus de Milo. “La Venus de Milo se encontró destruida en siete grandes trozos y cuando la recompusieron, los antebrazos los tenía, pero en la restauración del Louvre se prescindió de parte de su estructura, y hoy la Venus de Milo protesta de que no se le haya recompuesto como se la encontraron”, explica Soraluce.

También cuenta el autor la historia de una de las agujas de Cleopatra. Se trata de los dos obeliscos que había delante del palacio de Cleopatra, en Alejandría. Una de ellas fue regalada a los EEUU y se encuentra en el Central Park de Nueva York. La otra aguja fue regalada a la reina Victoria de Inglaterra por los turcos. En el traslado por mar, el “obelisco se desenganchó del barco y acabó en el Ferrol”. La historia posterior es que los ferrolanos “no querían devolverla si no les pagaban”, cuenta el autor entre risas.

Salas de la pinacoteca
Soraluce describe en este peculiar museo hasta ocho salas diferentes en las que distribuye todas las obras, “no por estilo ni por cronología, sino por la problemática de cada una de ellas”, cuenta.  

Se agrupan los 31 casos en función de la problemática de cada caso, como por ejemplo “el problema de la recomposición que se han encontrado destruidas o incompletas que han generado modificaciones o alteraciones de la propia imagen de, por ejemplo, esculturas como el Apolo de Belvedere que, según la época en que lo veamos, le ponen los pies, le quitan los brazos o los dedos, según las teoría restauradoras del momento”, explica el autor sobre los casos tratados en su libro.

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