sábado 5/12/20

José Ovejero propone una fórmula de “insurrección” que acabe con “el desánimo” social

El escritor presenta su nueva novela mañana en el marco del Cóctel  de Letras de la librería Fiandón
El escritor, durante una de sus visitas a la ciudad  | aec
El escritor, durante una de sus visitas a la ciudad | aec

José Ovejero estará el miércoles en el Cóctel de Letras de la librería Fiandón, a las 20.00 horas, a donde llevará su “Insurrección”, aunque tiene claro que acabarán hablando de muchas otras cosas además de su nueva novela. “Como ocurre cuando se escribe sobre la actualidad, trascenderemos lo literario”, dice.

Y es que con “Insurrección” sigue la senda que le lleva por situar la actualidad más en boga en las páginas de sus novelas. Esta vez es el movimiento okupa, de mano de una adolescente de 17 años llamada Ana, el que transporta al lector: “Creo que buena parte de mi literatura es una mezcla de observación e imaginación”. “Insurrección” surge de mirar lo que hay a su alrededor, de fijarse de lo que él ve como “desánimo, falta de expectativas, degradación laboral”. Ahí termina la realidad, porque Ovejero defiende que el libro “no es una crónica, ni un estudio sociológico, sino un esfuerzo de intentar entender lo que se siente en determinados contextos”.

Lugares difíciles

Con un lenguaje directo que se va transformando al avanzar en las páginas, el escritor muestra incertidumbre. “El lenguaje directo está muy bien, en la vida y en la literatura, pero a veces escribimos para decir aquello que no sabemos decir. La literatura nos ayuda a llegar a esos sitios que son difíciles de comunicar”, asegura.

Esta fórmula le ha valido incluso críticas, que apuntan a que dulcifica un tema tan complejo como la okupación, pero José Ovejero no se achanta: “Sé que la okupación tiene su parte dura y que hay distintas formas. No es lo mismo que un grupo de narcotraficantes okupen el piso de una persona y la dejen en la calle a que un grupo se meta en un edificio abandonado hace años y lo use para hacer actos culturales o políticos. Hay toda una panoplia de formas y eso me interesa”. También le han caído críticas por parte de los que dicen que defiende la violencia. “Yo no defiendo la violencia, pero si miro la historia de la humanidad concluyo que la inmensa mayoría de los cambios en las sociedades han llevado consigo violencia. No digo que sea necesaria, pero me pregunto si es posible  transformar el modelo de sociedad sin ella. No lo deseo, constato como ha funcionado”, señala quien no se considera pedagógico y solo sitúa a sus personajes, como Ana, en el entorno de la realidad “con falta de perspectivas” que ve a su alrededor. “Ana es un tipo de chica joven que ve ese mundo que se le viene encima en el que sus padres y profesores le dicen que hay que ser los mejores, hay que competir. Hay quien saca los codos y quien dice que no, no quiero ese mundo y Ana sería una de ellas”. Pura insurrección.

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