Enrique Piñeyro: “Tenemos unos umbrales de miedo al peligro muy extraños”

El piloto y actor Enrique Piñeyro | Pedro Puig

Para citar las profesiones o actividades que ha realizado Enrique Piñeyro necesitaríamos varias de estas páginas, pero una cosa está clara, sentarse a hablar con él se convierte en un verdadero ejercicio de conocimiento sobre la aviación.


Y, básicamente, eso es lo que hará hoy, a las 20.30 horas, en el teatro Colón, con su espectáculo “Volar es humano, aterrizar es divino”. Con una cabina a tamaño 1:1 a sus espaldas, comparará “lo que hacemos en los aviones con lo que hacemos con nuestra vida en superficie”. Todo jugando con el humor, aunque reconoce que no hace falta forzarlo, “se vuelve gracioso, de hecho”, con simplemente comparar situaciones.


Pone como ejemplo aspectos de nuestra vida diaria que “hemos internalizado”, como al conducir y ver “los carteles que ponen curvas peligrosas, nos parece normal, pero vos te ponés a pensar y decís, ¿Por qué hacés curvas peligrosas? Están locos, encima ponen el cartel, orgullosos de hacer curvas peligrosas”, bromea, y lleva la comparativa a su campo, la aviación: “¿Qué pasaría si pusiésemos “pista peligrosa”? Ningún pasajero volaría, ningún piloto... Sin embargo, en tierra es de lo más normal del mundo”.


El objetivo con el público es “que se vayan sin miedo a volar del espectáculo, pero aterrados del resto de su vida”, indica Piñeyro sin poder contener la sonrisa, al tiempo que explica que la recepción por su parte es buena: “este tema de los aviones siempre causa fascinación”.


Sobre el temor a volar, apunta que “tenemos unos umbrales de miedo al peligro muy extraños, no les tememos a los mosquitos que matan un millón de personas por año, ahí está todo bien, no le tememos a humanos que matan medio millón de personas por año, pero vivimos aterrados de aviones y tiburones que, estadísticamente, están en 300”. La culpa la reparte entre el cine, los medios y “esos programas de “Crash Investigation” con su música de terror, sus pilotos sudando y esos títulos, “Descenso Fatal”, luego termina el programa y no se murió nadie... ¿”Descenso Fatal”? Fatal es el programa, no el descenso”, relata.


La seguridad tampoco ayuda. Piñeyro se refiere al impedimento de acceder a las terminales con productos tildados de peligrosos, pero que dentro haya tiendas “donde comprar dos botellas de vodka, y ahí tenés una bomba”. Explica que en Miami encontró una de las contrariedades más grandes, allí vio un cartel donde pedían sacarse los zapatos a los pasajeros, pero “los mayores de 65 no tienen que sacárselos, entonces pongamos bombas en los zapatos de personas de 67, ¿cual es la idea? ¿Los terroristas se jubilan a los 65? El de 64 sí, ese es peligroso”, explica sin poder aguantar la risa.

El desconocimiento es otro factor. Nos impresionan las imágenes y videos de aviones que parece que entran “de lado” o temblando por el mal tiempo, pero apunta que es “normal” y que esos aterrizajes no son “milagros a bordo, como se titula”.


Piñeyro también colabora con entidades, como Open Arms, ofreciendo su avión. Su próxima idea es hacerse con un hidroavión para tratar de ayudar con los incendios forestales de Argentina y Uruguay.

Enrique Piñeyro: “Tenemos unos umbrales de miedo al peligro muy extraños”

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