sábado 19/9/20

Dolores Redondo | “El lector es muy listo, sabe cuándo hay una parte auténtica en la historia”

Escritora Acaba de publicar su última novela, “La cara norte del corazón”, que sirve a modo de precuela de su trilogía del Baztán, de la cual asegura que habrá más historias, sin descartar otro tipo de géneros
Dolores Redondo con “La cara norte del corazón” en Nueva Orleans (EEUU)
Dolores Redondo con “La cara norte del corazón” en Nueva Orleans (EEUU)

La escritora Dolores Redondo estará mañana en la ciudad con “La cara norte del corazón”, su nueva novela, en la que recupera el personaje de la inspectora Amaia Salazar.

Será una visita doble, porque a las 18.00 horas estará firmando ejemplares en la librería Arenas, mientras que a las 20.00 horas la presentará en la Fundación Luis Seoane.

¿Por qué volver al personaje de Amaia Salazar?

¿Y por qué no? Si es mi personaje (risas). Solo me tomé una pausa para poder escribir otra novela, pero volveré con ella muchas más veces. Ahora está todo lleno de crímenes rituales y policías que vuelven a sus pueblos a investigar crímenes y muertos que están llenos de margaritas, de tulipanes, de magdalenas... ¿Y no voy a poder seguir yo, que fui la que lo creé? (risas)

Entonces, ¿va a haber más entregas en el futuro?

Claro, es un personaje que gusta mucho al lector y que me gusta mucho a mí, sería completamente absurdo no escribir sobre él, pero también escribiré sobre otras cosas porque hay otras cosas que quiero contar.

En la trilogía de Baztán fue dejando pistas que conducían a esta novela, ¿hasta qué punto estaba planeada?

Estaba completamente planeada, lo que pasa es que nunca sabes si el lector te va a seguir. Ocurre muy a menudo que el primer libro de una trilogía tiene muchos lectores, el segundo bastantes menos y el tercero lo siguen menos de una tercera parte de los que empezaron. Con la trilogía de Baztán fue al contrario, cada vez se fueron uniendo más lectores. Y sí, sí que tenía pensado lanzar esta historia, como otras tantas que están sugeridas y que no se han llegado a desarrollar. Por ejemplo, en redes sociales, leo a muchas personas que me piden desarrollar unos personajes concretos y es muy bonito que el lector, una vez que cierra el libro,  los personajes le siguen tan vivos dentro que es capaz de pedir y demandar una historia de casi cada uno de ellos, es muy satisfactorio.

Hablando del lector, ¿cómo está siendo la acogida?

Cuando salió, el día 1, subió al número uno, y sigue de número uno, y eso que me toca en un momento realmente difícil, porque esta siendo un maravilloso invierno de novedades literarias, es un gran momento para el lector.  

Volviendo al libro, ¿cuánto de usted hay en Amaia Salazar?

(Risas). Hombre, algo ha de haber. Amaia es un poquito de muchas de las mujeres que hay a mi alrededor y lo que me gusta de todas ellas y supongo que mío también hay. Pero esta parte hay que preservarla un poco y solo sugerirla. Yo creo que el lector, que es muy listo, siempre se da cuenta cuándo les estás contando una historia de cuando hay una parte auténtica en todo lo que le estás contando, y prefiero que el lector lo siga suponiendo y no hace falta decir cuanto exactamente.

Volviendo atrás en el tiempo, ¿cuándo decidió que se quería dedicar a la escritura?

Buff. Estoy segura de que era muy pequeña. Mi madre dice que cuando era pequeña y me contaban cuentos decía que yo quería hacer cuentos, que quería ser como los que hacían los cuentos, me parecían gente maravillosa, me hacían tan feliz que me parecía ideal.

Y esa niña que quería escribir cuentos imaginó que en el futuro tendría tanto éxito como para ganar el premio Planeta.

Pues no (risas). Uno no empieza a hacer una cosa si no tiene una ambición, uno no se pone a escribir una novela si no espera que sea publicada y que tenga lectores, porque en ese caso deja de ser escritura y pasa a ser terapia, cuando escribes solo por plasmar tus ideas sobre el papel. Yo lo comparo con cocinar un plato, no es para después tirarlo a la basura, es para que alguien lo disfrute, satisface más la felicidad de quien saborea ese plato.

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